El poder de los Grandes cada vez era más corrupto. Los Idiotas debían callar si sabían algo, las sombras no podían confiar en nadie y quienes escapaban al poder, sólo encontraban espacio en la zona Maldita, en donde cada uno cuidaba su propia vida.
Los Grandes, además, sembraban "hormigas", chicos que realizaban los trabajos sucios a los que ellos no podían exponerse. Cada "hormiga" era contactada a traves de un servidor especial, quien mediante un código secreto conocido por todos los involucrados, informaba qué o a quien debían silenciar. A veces solo se trataba de un "aviso" para aquél Idiota que estuviera intentando abrir los ojos de otros. A veces, el aviso provocaba la huida hacia la zona Maldita o, en el peor de los casos, un acto definitivo para acallar, no sólo a quien trataba de despertar al resto, sino como señal de que no era aconsejable mencionar nada. El Idiota "desaparecía", en medio del silencio y el olvido.
Las "hormigas" eran funcionalas y cuando comenzaban a molestar a sus superiores directos, eran borrados sin que nadie los mencionara. Estos chicos, amparados por leyes flexibles, a los que se les permitían muchas cosas, eran reclutados en los lugares más sombríos, en donde las familias no existían. Se sentían fuertes realizando su "trabajo" y respetados dentro de sus "hormigueros". Quien más trabajos realizaba y menos preguntas hacía, solía ser el jefe. Muchos novatos buscaban enfrentarlos y muchas veces la forma de ganar territorialidad era, precisamente, desaparecer al hormiga-jefe, cuando se hacía mayor o comenzaba a molestar.
Nadie sabía con exactitud donde se hallaban los "hormigueros", ni cómo ni cuando actuaban. Pero quienes se acercaban a alguna "hormiga" para intertar recuperarla, terminaban siendo víctimas del sistema que intentaban combatir.
El dinero de los delitos que cometían era repartido por los servicios a los jefes y estos a los Grandes, que además recibían dinero como forma de protección para que las "hormigas" fueran socorridas en caso de caer detenidos en algun hecho. Tan grande era la red de "hormigueros" y tan ignorada era su composición y alcance, que llegaba al más alto grado del poder.
Los Grandes, además, sembraban "hormigas", chicos que realizaban los trabajos sucios a los que ellos no podían exponerse. Cada "hormiga" era contactada a traves de un servidor especial, quien mediante un código secreto conocido por todos los involucrados, informaba qué o a quien debían silenciar. A veces solo se trataba de un "aviso" para aquél Idiota que estuviera intentando abrir los ojos de otros. A veces, el aviso provocaba la huida hacia la zona Maldita o, en el peor de los casos, un acto definitivo para acallar, no sólo a quien trataba de despertar al resto, sino como señal de que no era aconsejable mencionar nada. El Idiota "desaparecía", en medio del silencio y el olvido.
Las "hormigas" eran funcionalas y cuando comenzaban a molestar a sus superiores directos, eran borrados sin que nadie los mencionara. Estos chicos, amparados por leyes flexibles, a los que se les permitían muchas cosas, eran reclutados en los lugares más sombríos, en donde las familias no existían. Se sentían fuertes realizando su "trabajo" y respetados dentro de sus "hormigueros". Quien más trabajos realizaba y menos preguntas hacía, solía ser el jefe. Muchos novatos buscaban enfrentarlos y muchas veces la forma de ganar territorialidad era, precisamente, desaparecer al hormiga-jefe, cuando se hacía mayor o comenzaba a molestar.
Nadie sabía con exactitud donde se hallaban los "hormigueros", ni cómo ni cuando actuaban. Pero quienes se acercaban a alguna "hormiga" para intertar recuperarla, terminaban siendo víctimas del sistema que intentaban combatir.
El dinero de los delitos que cometían era repartido por los servicios a los jefes y estos a los Grandes, que además recibían dinero como forma de protección para que las "hormigas" fueran socorridas en caso de caer detenidos en algun hecho. Tan grande era la red de "hormigueros" y tan ignorada era su composición y alcance, que llegaba al más alto grado del poder.