miércoles, 19 de septiembre de 2012

El miedo (y el grito)


Nadie sabía cómo había surgido. Un buen día, el miedo se había instalado en la sociedad Idiota. Había sido de un modo tan sutil, tan perverso, que nadie lo había notado. Pero todos tenían temor, un inmenso e incomprensible temor

Desde el principio del gobierno del Líder, se había utilizado el método de sembrar el terror deliberadamente. Rememorando los hechos tremendos que habían provocado la caída del gobierno anterior, preguntando todo el tiempo si se quería volver a esos días. Poniéndose como ejemplo de que todo tiempo pasado fue peor…y si alguno osase pensar de otra forma, se volvería a ese pasado oscuro, tétrico, y tan cercano.

 

Hubo otra forma de implementar el miedo. Al principio no parecía que una cosa tuviera que ver con la otra, pero con el tiempo, los lazos que unían a algunos Grandes con la delincuencia eran tan claros, que solamente por miedo, la sociedad guardaba un silencio inexplicable.

 

Una escalada en la delincuencia hizo que el pueblo fuera encerrándose cada vez más, aislándose hasta de sus propios familiares. Ya no habían festejos especiales, porque quienes se alejaban de sus hogares, al volver se encontraban con que sus casas habían sido asaltadas y ya no poseían absolutamente nada.

 

Al principio eran hechos esporádicos. En un momento, incendiaron las casas, hasta hacerlas inhabitables (éste recurso normalmente se utilizaba en el domicilio de algún Idiota que comenzaba a molestar). Luego fueron asaltos a personas, hurtos de todo tipo y método. Los más graves, incluían algún muerto, para que la sociedad supiera que cualquiera podía ser el próximo.

 

De repente, la persona que caminaba por la vereda, podría ser un potencial ladrón. Todos caminaban con la cabeza gacha, y evitando las zonas que se llamaban “peligrosas”. Quien se atrevía a cruzarlas, debería atenerse a las consecuencias.

 

Junto con el miedo, el silencio se había instalado en el pueblo. Un silencio por momentos cómplice, ya que el mismo temor hacía que, quienes sabían qué pasaba realmente, enmudecieran, ya que sus vidas estaban en peligro. Muy pocos tenían la forma de resguardarse, ya que hasta era  riesgoso confiar en alguien, puesto que, dominados por el mismo temor, ese alguien podría denunciar a los grandes a la persona que había confiado sus dudas y certezas.

 

Se vivía con un nudo en la garganta. Como si una enorme mano oprimiera las voces y las silenciara.

 

Pero hubo una noche en que un grito rompió el silencio. Un grito fuerte, desgarrador, solitario, y al mismo tiempo, multitudinario. Un grito que despertó en cada Idiota la necesidad de salir a la calle para saber qué sucedía.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El señor Shorting


Había logrado posicionarse en uno de los medios tras dejar en el camino a varios competidores. Su perfil bajo le permitía nadar entre los peces grandes y pasar medianamente desapercibido. Los grandes lo utilizaban, considerándolo un tibio útil. Los idiotas que estaban bajo sus órdenes secretamente lo aborrecían.

 

Recibía permanentemente informes clandestinos de personas que buscaban boicotear al gobierno. Algunos formaban parte de las sombras, otros, simples criticones que pensaban que Shorting haría algo por su causa alguna vez.

 

Fumaba dos atados de cigarrillos por día.  Cuando se retiraba al patio de la agencia a fumar, escondidas en la agenda, Shorting leía todas las notas que le enviaban. Luego las rompía y las quemaba, para que nunca lo vincularan con esos movimientos. Le había costado mucho permanecer en ese puesto, convencer a muchos jerarcas que él era el indicado, aunque no fuera el mejor, y que sería funcional a sus intereses.

 

Nunca hacía preguntas. Recibía los informes y los leía al aire con su mejor sonrisa. Había intentado ingresar al mundo de los Grandes, cada vez que había podido. Sin embargo, esos a los cuales él servía...lo despreciaban. Pero al mismo tiempo, todos eran conscientes que Shorting sabía demasiadas cosas y sólo tenían una forma de liberarse de él.

 

Shorting conocía las formas que los Grandes usaban para sacarse de encima a quienes se metían en donde no correspondía. Por eso guardaba en el fondo de su consciencia la memoria de muchos crímenes, a los que había ignorado por comodidad y conveniencia. La historia, su propia historia, le demandaría tomar posiciones y decidir si quedaba como un Idiota, o sería protagonista de la guerra que vendría para cambiarlo todo.