La guerra de los Idiotas
viernes, 2 de septiembre de 2022
El atentado.
Pasó mucho tiempo desde que dejé de publicar las crónicas de esta guerra, en la que los grandes, los idiotas y los malditos continuaron luchando por ocupar un lugar en la sociedad, cada uno a su manera.
miércoles, 21 de junio de 2017
La desconexión.
Ella miraba la bóveda en donde el cuerpo del Líder
permanecía escondido, con sus signos vitales suspendidos. Parecía muerto, indefenso, dependiendo por
primera vez en su vida de algo que no fuera él mismo para vivir.
El ingreso a la bóveda estaba permitido sólo a la
Sucesora y al médico principal. Nadie más sabía con exactitud qué había en ese
cuarto, ni siquiera los encargados de revisar los monitores en donde su vida
aún estaba manifestándose mínimamente.
Ella marcó el código secreto. La puerta se abrió y
pudo ver el ataúd transparente en donde permanecía el cuerpo. Se acercó y rozó
con la yema de los dedos el cristal que encerraba a su esposo, a su socio, a su
cómplice. Sabía que nadie la observaba. Y que existía una sola persona que
conocía la verdad sobre la vida y la muerte del Líder.
Se acercó a un panel y digitó una clave. Las líneas
vitales fueron disminuyendo hasta apagarse y el oxígeno liberado dentro de la
caja dejó de circular. Nadie podría discutir ni denunciar la muerte de alguien
que ya estaba muerto.
En ese momento, el médico principal salía de su casa
y se detuvo frente a su auto cuando recibió un mensaje en su teléfono. Era una
aplicación que le avisaba que algo estaba funcionando mal en la bóveda del
mausoleo. Un cartel rojo indicaba una sola palabra “desconexión”.
Un pinchazo en el pecho lo distrajo y vio cómo una
enorme mancha roja de sangre invadía su camisa y el saco de su traje. Levantó
la vista y, del otro lado de la vereda, un coche negro con vidrios polarizados
arrancó el motor y se marchó mientras su cuerpo caía sobre el césped de la
trotadora.
El derrumbe.
Alguien estaba molestando. Alguien que había tenido
acceso a información. El término legal del mandato de la Sucesora estaba por
concluir y no habían podido armar el proyecto para modificar la ley de gobierno
o preparar al Primogénito para ocupar ese espacio.
Solimano quería imponerse alejado de su ala, se
había puesto peligrosamente sumiso a su poder, lo que la hacía sospechar que,
si asumía como nuevo líder, jamás dimitiría a su favor como habían pactado en
forma privada.
Las cosas se estaban complicando para ella. Una
antigua causa se reflotaba. El Líder había puesto a un fiscal en una unidad
especial para investigar la explosión en un edificio de una entidad religiosa.
En realidad, era para entretener a la comunidad internacional, simular que a
ellos les importaba saber quiénes habían sido, sin llegar a ninguna conclusión
en realidad.
Pero el fiscal había ido más allá de lo que su
misión requería. Conectarse con las víctimas de la tragedia, indagar en
acuerdos comerciales y autorizaciones a miembros del gobierno del país al que
se responsabilizaba por el atentado, descubrir secretos inconfesables ante el
mundo, la ponía en el centro de la escena y jaqueaba sus posibilidades de
mantenerse en el poder.
Porque si esos secretos salían a la luz, los jueces
no podrían hacer la vista gorda como ante otras denuncias, porque este hecho
salía de las fronteras del país y había que responder ante otros gobiernos que
podrían exigir internacionalmente su procesamiento.
Había que hacer algo. El fiscal presentaría su
investigación y era algo que no podían ocultar ni siquiera los medios amigos,
que buscaban quitarle méritos a quien había sido nombrado por el Líder. Quizás
por eso era más difícil callarlo. Quizás por eso se había convertido en tan
peligroso.
Un día antes de que el fiscal se presentase a
denunciar su descubrimiento, fue encontrado muerto de un disparo en el baño de
su casa. Rápidamente se instaló la teoría que, ante la falta de consistencia de
su denuncia, porque en realidad no tenía nada para decir y sólo había buscado
tener cámaras y figurar en los titulares, se había suicidado.
La foto del
fiscal tirado en un charco formado por su propia sangre circuló por todos las
redes sociales. Una fingida indignación proclamó no saber cómo se había
filtrado esa imagen. La realidad es que fue una manera de amedrentar a
cualquiera que intentara socavar el poder de la Sucesora. Y, sin saberlo, la
dilación en descubrir qué había ocurrido con el fiscal, fue lo que comenzó a
provocar el derrumbe del poder de la Sucesora y todo lo que la rodeaba.
jueves, 5 de junio de 2014
El "hombre".
Había sido testigo directo de los años más oscuros de la nación, anteriores al gobierno de los Grandes. Había sido víctima de torturas y delitos atroces. Y, a pesar de todo, conservaba en su memoria cada detalle, cada rasgo, cada tono de voz de quien más daño le había hecho durante su cautiverio.
Había llegado el tiempo de la verdad, de la justicia. Por muchos años esperó el momento, el día, la hora en la cual pudiera decir su verdad. Se sentia fuerte, seguro, por primera vez en mucho tiempo, libre de todos los demonios que lo habían estado invadiendo debido al miedo, al dolor, a las ausencias.
Los Grandes habían comenzado una guerra a esa etapa oscura. Sin embargo, sus captores eran tan ancianos como él, ya no contaban con la misma fuerza, ni siquiera con la logística y el poder para hacerle ninguna clase de daño. Supo en ese momento que no se trata de venganza, sino de Justicia...aunque un sabor amargo lo dominó por unos instantes al aunar las figuras de los Grandes y los dictadores.
Se puso su gorra, se miró ante el espejo antes de abrir la puerta y se prometió contar absolutamente todo, hasta lo más denigrante. En la vereda el sol brillaba. Mientras caminaba, tuvo una sensación extraña, conocida, oscura. Alguien lo saludó por su nombre. Se dio vuelta. Y volvió la oscuridad.
Había llegado el tiempo de la verdad, de la justicia. Por muchos años esperó el momento, el día, la hora en la cual pudiera decir su verdad. Se sentia fuerte, seguro, por primera vez en mucho tiempo, libre de todos los demonios que lo habían estado invadiendo debido al miedo, al dolor, a las ausencias.
Los Grandes habían comenzado una guerra a esa etapa oscura. Sin embargo, sus captores eran tan ancianos como él, ya no contaban con la misma fuerza, ni siquiera con la logística y el poder para hacerle ninguna clase de daño. Supo en ese momento que no se trata de venganza, sino de Justicia...aunque un sabor amargo lo dominó por unos instantes al aunar las figuras de los Grandes y los dictadores.
Se puso su gorra, se miró ante el espejo antes de abrir la puerta y se prometió contar absolutamente todo, hasta lo más denigrante. En la vereda el sol brillaba. Mientras caminaba, tuvo una sensación extraña, conocida, oscura. Alguien lo saludó por su nombre. Se dio vuelta. Y volvió la oscuridad.
sábado, 26 de abril de 2014
Las "hormigas".
El poder de los Grandes cada vez era más corrupto. Los Idiotas debían callar si sabían algo, las sombras no podían confiar en nadie y quienes escapaban al poder, sólo encontraban espacio en la zona Maldita, en donde cada uno cuidaba su propia vida.
Los Grandes, además, sembraban "hormigas", chicos que realizaban los trabajos sucios a los que ellos no podían exponerse. Cada "hormiga" era contactada a traves de un servidor especial, quien mediante un código secreto conocido por todos los involucrados, informaba qué o a quien debían silenciar. A veces solo se trataba de un "aviso" para aquél Idiota que estuviera intentando abrir los ojos de otros. A veces, el aviso provocaba la huida hacia la zona Maldita o, en el peor de los casos, un acto definitivo para acallar, no sólo a quien trataba de despertar al resto, sino como señal de que no era aconsejable mencionar nada. El Idiota "desaparecía", en medio del silencio y el olvido.
Las "hormigas" eran funcionalas y cuando comenzaban a molestar a sus superiores directos, eran borrados sin que nadie los mencionara. Estos chicos, amparados por leyes flexibles, a los que se les permitían muchas cosas, eran reclutados en los lugares más sombríos, en donde las familias no existían. Se sentían fuertes realizando su "trabajo" y respetados dentro de sus "hormigueros". Quien más trabajos realizaba y menos preguntas hacía, solía ser el jefe. Muchos novatos buscaban enfrentarlos y muchas veces la forma de ganar territorialidad era, precisamente, desaparecer al hormiga-jefe, cuando se hacía mayor o comenzaba a molestar.
Nadie sabía con exactitud donde se hallaban los "hormigueros", ni cómo ni cuando actuaban. Pero quienes se acercaban a alguna "hormiga" para intertar recuperarla, terminaban siendo víctimas del sistema que intentaban combatir.
El dinero de los delitos que cometían era repartido por los servicios a los jefes y estos a los Grandes, que además recibían dinero como forma de protección para que las "hormigas" fueran socorridas en caso de caer detenidos en algun hecho. Tan grande era la red de "hormigueros" y tan ignorada era su composición y alcance, que llegaba al más alto grado del poder.
Los Grandes, además, sembraban "hormigas", chicos que realizaban los trabajos sucios a los que ellos no podían exponerse. Cada "hormiga" era contactada a traves de un servidor especial, quien mediante un código secreto conocido por todos los involucrados, informaba qué o a quien debían silenciar. A veces solo se trataba de un "aviso" para aquél Idiota que estuviera intentando abrir los ojos de otros. A veces, el aviso provocaba la huida hacia la zona Maldita o, en el peor de los casos, un acto definitivo para acallar, no sólo a quien trataba de despertar al resto, sino como señal de que no era aconsejable mencionar nada. El Idiota "desaparecía", en medio del silencio y el olvido.
Las "hormigas" eran funcionalas y cuando comenzaban a molestar a sus superiores directos, eran borrados sin que nadie los mencionara. Estos chicos, amparados por leyes flexibles, a los que se les permitían muchas cosas, eran reclutados en los lugares más sombríos, en donde las familias no existían. Se sentían fuertes realizando su "trabajo" y respetados dentro de sus "hormigueros". Quien más trabajos realizaba y menos preguntas hacía, solía ser el jefe. Muchos novatos buscaban enfrentarlos y muchas veces la forma de ganar territorialidad era, precisamente, desaparecer al hormiga-jefe, cuando se hacía mayor o comenzaba a molestar.
Nadie sabía con exactitud donde se hallaban los "hormigueros", ni cómo ni cuando actuaban. Pero quienes se acercaban a alguna "hormiga" para intertar recuperarla, terminaban siendo víctimas del sistema que intentaban combatir.
El dinero de los delitos que cometían era repartido por los servicios a los jefes y estos a los Grandes, que además recibían dinero como forma de protección para que las "hormigas" fueran socorridas en caso de caer detenidos en algun hecho. Tan grande era la red de "hormigueros" y tan ignorada era su composición y alcance, que llegaba al más alto grado del poder.
jueves, 31 de octubre de 2013
La "operación"
No había sido casual. Nada era casual en el gobiernos de los Grandes. Cada cosa estaba perfectamente calculada, meditada y planificada hasta el último detalle. La Sucesora notaba que algo no funcionaba como correspondía, y se daba cuenta de que algo debería hacer para mantener a sus filas leales y en orden para continuar en el poder. El machismo dominante de la casta Grande, puertas adentro, comenzaba a cuestionar su capacidad para mantenerse en el cargo, y ella debería dar un golpe de timón para demostrarles que era ella la cabeza del movimiento, que ya ni siquiera la imagen del Líder convocaba afectivamente a los fanáticos (al menos ella así lo creía) y que las manifestaciones se los demostrarían.
Recordó el "renunciamiento histórico" de otra mujer, otra figura fuerte dentro de la historia del pueblo. Su intención no era llegar a ese extremo, pero sí jugar con la enfermedad y el riesgo de vida para inclinar la balanza a su favor.
De repente todo sucedió. Su Primogénito sirvió para algo esta vez. Con un poco de manipulación materna, logró convencerlo de que la llevara "sigilosamente" a una clínica de renombre. Todos los medios estaban en la puerta del sanatorio cuando la Sucesora llegó y fue la noticia que recorrió todos los medios y ocupó horas de análisis por parte de los programas de los medios, la gran mayoría, además, apelando a la memoria emotiva con las imágenes de la muerte del Líder, un tiempo antes, casi coincidente en las fechas...Nada era casualidad. Se reforzaba la teoría que ella era la única digna de ser su sucesora, su heredera ideológica y política.
En esos días hubo un testeo popular. Previamente, se había analizado la posibilidad de que algunos miembros del partido demostraran un repentino enfrentamiento al poder "opresor", para captar la relativa conformidad o disconformidad de los Idiotas...Igualmente, lo que ellos votaran no contaba en realidad. El alejamiento de esos miembros era falso y proyectado para mantener el status quo del poder de los Grandes. Al concluir el testeo, ganó quien se encaramó como opositor, lo cual produjo algo de preocupación en algunos Grandes...Pero, como todo esa sociedad, estaba calculada la posibilidad y el ganador sabía cuál era su rol dentro de esta estructura de poder. Ahora que había ganado, volvería a silenciar sus denuncias y reclamos, para apoyar toda propuesta del gobierno.
La Sucesora hizo surgir un rumor, no le bastaba las muestras frente al sanatorio, no le alcanzaba haber manipulado a todos, haciéndoles creer que había gente dentro de sus filas que se alejaban con tal de mantenerse en el poder. Apeló al posible "renunciamiento", a favor del Reemplazo, a quien nadie quería ni soportaba. El terrible rechazo que imponía la figura del títere manipulado a gusto y placer por todos era la respuesta que necesitaba.
Ahora volvería triunfal. La "operación" había sido un éxito. Sólo faltaba arreglar un par de detalles para eternizarse ella en el poder.
Recordó el "renunciamiento histórico" de otra mujer, otra figura fuerte dentro de la historia del pueblo. Su intención no era llegar a ese extremo, pero sí jugar con la enfermedad y el riesgo de vida para inclinar la balanza a su favor.
De repente todo sucedió. Su Primogénito sirvió para algo esta vez. Con un poco de manipulación materna, logró convencerlo de que la llevara "sigilosamente" a una clínica de renombre. Todos los medios estaban en la puerta del sanatorio cuando la Sucesora llegó y fue la noticia que recorrió todos los medios y ocupó horas de análisis por parte de los programas de los medios, la gran mayoría, además, apelando a la memoria emotiva con las imágenes de la muerte del Líder, un tiempo antes, casi coincidente en las fechas...Nada era casualidad. Se reforzaba la teoría que ella era la única digna de ser su sucesora, su heredera ideológica y política.
En esos días hubo un testeo popular. Previamente, se había analizado la posibilidad de que algunos miembros del partido demostraran un repentino enfrentamiento al poder "opresor", para captar la relativa conformidad o disconformidad de los Idiotas...Igualmente, lo que ellos votaran no contaba en realidad. El alejamiento de esos miembros era falso y proyectado para mantener el status quo del poder de los Grandes. Al concluir el testeo, ganó quien se encaramó como opositor, lo cual produjo algo de preocupación en algunos Grandes...Pero, como todo esa sociedad, estaba calculada la posibilidad y el ganador sabía cuál era su rol dentro de esta estructura de poder. Ahora que había ganado, volvería a silenciar sus denuncias y reclamos, para apoyar toda propuesta del gobierno.
La Sucesora hizo surgir un rumor, no le bastaba las muestras frente al sanatorio, no le alcanzaba haber manipulado a todos, haciéndoles creer que había gente dentro de sus filas que se alejaban con tal de mantenerse en el poder. Apeló al posible "renunciamiento", a favor del Reemplazo, a quien nadie quería ni soportaba. El terrible rechazo que imponía la figura del títere manipulado a gusto y placer por todos era la respuesta que necesitaba.
Ahora volvería triunfal. La "operación" había sido un éxito. Sólo faltaba arreglar un par de detalles para eternizarse ella en el poder.
lunes, 7 de octubre de 2013
El suplente
Su ambición se había desarrollado entre las sombras. Había logrado escalar posiciones hasta conseguir convertirse, mediante su simpatía y afabilidad, en el reemplazo perfecto. Parecía algo tonto, fácil de manejar, útil al poder de turno que no pensaba delegar fácilmente sus privilegios y beneficios. Era un mal necesario para quitar del medio al traidor y conseguir tener automáticamente todo lo que necesitasen.
Sin embargo, el suplente tenía la habilidad de un zorro para lograr que sus propósitos se fueran concretando, sin que nadie se diera cuenta. Hasta que la ambición fue tan fuerte y el deseo de tener más lo poseyó de tal manera, que ya no ocultó ninguna de sus actividades.
Adquirió bienes que no se condecían con el sueldo de un funcionario, los mostraba, hacía alarde de su buen vivir. Pero, desde la ciudad Maldita, habían comenzado a llegar mensajes. De repente, en alguna pared, sin saber cómo ni cuándo, se descubría un grafitti expresando sus negocios oscuros, sus contactos en el ambiente de quienes tenían contactos con el gobierno, y de otras maniobras turbias que, al llegar a oídos de la Sucesora, no le provocaron ninguna gracias, ya que para ella, como para el Líder en su momento, el suplente era solo una marioneta útil para completar una fórmula y no alguien que de la nada estropeara sus planes de poder.
Buscaron silenciar al suplente, quitándole espacio en la escena pública, aunque él se las ingeniaba siempre para ser la mosca en la leche. Pero un acontecimiento cambió todos los planes de la Sucesora y otros grandes, y deberían dejarle ocupar el primer lugar a él, al indeseable, al títere que podía derrumbar todo el proyecto de un soplido y hacerlo caer como si fuera un castillo de naipes mal armado.
El grupo más cercano a la Sucesora, que en su fuero interno no lo consideraba ni un Grande ni un par de su clase, tuvo que tragarse todo lo que pensaban de él y rodearlo, como a la pieza del Rey en el juego del ajedrez, para demostrar que no había conflictos entre ellos. Pero se notaba en sus rostros y en sus actitudes el fastidio que les provocaba que el suplente estuviera al mando durante los próximos días, mientras la Sucesora se reponía.
El temor que todos ocultaban y que no querían expresarse ni a sí mismos era si la gravedad de lo ocurrido obligaría a soportar al suplente más tiempo del que se hablaba, convirtiéndolo así en un nuevo Sucesor y Líder.
Sin embargo, el suplente tenía la habilidad de un zorro para lograr que sus propósitos se fueran concretando, sin que nadie se diera cuenta. Hasta que la ambición fue tan fuerte y el deseo de tener más lo poseyó de tal manera, que ya no ocultó ninguna de sus actividades.
Adquirió bienes que no se condecían con el sueldo de un funcionario, los mostraba, hacía alarde de su buen vivir. Pero, desde la ciudad Maldita, habían comenzado a llegar mensajes. De repente, en alguna pared, sin saber cómo ni cuándo, se descubría un grafitti expresando sus negocios oscuros, sus contactos en el ambiente de quienes tenían contactos con el gobierno, y de otras maniobras turbias que, al llegar a oídos de la Sucesora, no le provocaron ninguna gracias, ya que para ella, como para el Líder en su momento, el suplente era solo una marioneta útil para completar una fórmula y no alguien que de la nada estropeara sus planes de poder.
Buscaron silenciar al suplente, quitándole espacio en la escena pública, aunque él se las ingeniaba siempre para ser la mosca en la leche. Pero un acontecimiento cambió todos los planes de la Sucesora y otros grandes, y deberían dejarle ocupar el primer lugar a él, al indeseable, al títere que podía derrumbar todo el proyecto de un soplido y hacerlo caer como si fuera un castillo de naipes mal armado.
El grupo más cercano a la Sucesora, que en su fuero interno no lo consideraba ni un Grande ni un par de su clase, tuvo que tragarse todo lo que pensaban de él y rodearlo, como a la pieza del Rey en el juego del ajedrez, para demostrar que no había conflictos entre ellos. Pero se notaba en sus rostros y en sus actitudes el fastidio que les provocaba que el suplente estuviera al mando durante los próximos días, mientras la Sucesora se reponía.
El temor que todos ocultaban y que no querían expresarse ni a sí mismos era si la gravedad de lo ocurrido obligaría a soportar al suplente más tiempo del que se hablaba, convirtiéndolo así en un nuevo Sucesor y Líder.
sábado, 29 de junio de 2013
El reemplazo
"Cuando un gobierno quita una estatua, borra una parte de su historia"
De a poco los grandes fueron quitando hechos de la memoria del pueblo. Sólo Arnaldo era el guardián de la historia de su país, corriendo un serio peligro, custodiando la memoria de los Idiotas y participando secretamente de las Sombras.
Pero no podía dejar de sentir dolor y pesar cada vez que un cuadro era roto, que un libro era quemado, que una estatua era removida con la excusa de "restaurarla" para desaparecer misteriosamente y luego instalar otra en su lugar, bajo el pretexto de mejorar un parque que algún alcalde o gobernante opositor al gobierno había dejado en el abandono.
Cuando esto sucedía, Arnaldo buscaba archivar alguna copia del cuadro, cuando no el original. En algún momento, cuando su cuerpo aún podía permitirse excesos físicos, había ingresado por la noche a los museos y bibliotecas y cambiado la obra original por una copia. Los Grandes, a pesar de sus conocimientos, eran tan soberbios que jamás notarían la diferencia si cambiaba a La Gioconda por cualquier otro cuadro. Eran ridículos y engreídos.
Cuando la desaparición ocurría con alguna obra escultórica, simplemente la fotografiaba, desde todos los ángulos posibles. Tenía la esperanza de que, algún día, se apreciara el arte sin imponerle implicancias políticas y sociales. Era una pena que instalaran bustos del Líder o retratos de la Sucesora o colocaran textos históricos o literarios, con una reescritura a gusto del gobierno.
De a poco los grandes fueron quitando hechos de la memoria del pueblo. Sólo Arnaldo era el guardián de la historia de su país, corriendo un serio peligro, custodiando la memoria de los Idiotas y participando secretamente de las Sombras.
Pero no podía dejar de sentir dolor y pesar cada vez que un cuadro era roto, que un libro era quemado, que una estatua era removida con la excusa de "restaurarla" para desaparecer misteriosamente y luego instalar otra en su lugar, bajo el pretexto de mejorar un parque que algún alcalde o gobernante opositor al gobierno había dejado en el abandono.
Cuando esto sucedía, Arnaldo buscaba archivar alguna copia del cuadro, cuando no el original. En algún momento, cuando su cuerpo aún podía permitirse excesos físicos, había ingresado por la noche a los museos y bibliotecas y cambiado la obra original por una copia. Los Grandes, a pesar de sus conocimientos, eran tan soberbios que jamás notarían la diferencia si cambiaba a La Gioconda por cualquier otro cuadro. Eran ridículos y engreídos.
Cuando la desaparición ocurría con alguna obra escultórica, simplemente la fotografiaba, desde todos los ángulos posibles. Tenía la esperanza de que, algún día, se apreciara el arte sin imponerle implicancias políticas y sociales. Era una pena que instalaran bustos del Líder o retratos de la Sucesora o colocaran textos históricos o literarios, con una reescritura a gusto del gobierno.
jueves, 9 de mayo de 2013
El caos
El caos
Los Grandes ignoraban la realidad. Ellos contaban la historia según su conveniencia y los Idiotas cada vez más veían que nada era como se les decía. Pero callaban por miedo. Sin embargo, en las miradas había cada vez más un gran descontento que presionaba el pecho y hacía que muchos comenzaran a sentirse inquietos. Pero no sabían en quien confiar.
Las sombras se propagaban cada vez más, pero temían que hubiera algún infiltrado que los denuncie ante las autoridades y destruyeran todo el trabajo que venían haciendo, contando la verdadera historia. Pero necesitaban salir de ese círculo que a nada conducía. Encerrados y temerosos, no podían llegar nunca a quebrar al poder que gobernaba y volver a tener una vida normal.
Para ellos era una gran tentación acercarse a los malditos y generar una acción que hiciera reaccionar a todo el pueblo en un único momento de libertad. El grito que se había sentido aquélla noche fue liberador, desde ese momento algo había comenzado a cambiar. Muchos comenzaron a cuestionarse, a voz baja y sólo entre conocidos confiables, todo lo que se enseñaba, lo que se difundía, hasta el sistema de elecciones.
Había que generar una situación de caos para volver al orden original. Había que romper con la servidumbre mental a la que el estado había adormecido al pueblo, para poder volver a ser libres de pensar, vivir y hacer según las leyes de convivencia...¿Pero qué podría generar ése caos, sin que hubiera más víctimas que los mismos Grandes?
Los Grandes ignoraban la realidad. Ellos contaban la historia según su conveniencia y los Idiotas cada vez más veían que nada era como se les decía. Pero callaban por miedo. Sin embargo, en las miradas había cada vez más un gran descontento que presionaba el pecho y hacía que muchos comenzaran a sentirse inquietos. Pero no sabían en quien confiar.
Las sombras se propagaban cada vez más, pero temían que hubiera algún infiltrado que los denuncie ante las autoridades y destruyeran todo el trabajo que venían haciendo, contando la verdadera historia. Pero necesitaban salir de ese círculo que a nada conducía. Encerrados y temerosos, no podían llegar nunca a quebrar al poder que gobernaba y volver a tener una vida normal.
Para ellos era una gran tentación acercarse a los malditos y generar una acción que hiciera reaccionar a todo el pueblo en un único momento de libertad. El grito que se había sentido aquélla noche fue liberador, desde ese momento algo había comenzado a cambiar. Muchos comenzaron a cuestionarse, a voz baja y sólo entre conocidos confiables, todo lo que se enseñaba, lo que se difundía, hasta el sistema de elecciones.
Había que generar una situación de caos para volver al orden original. Había que romper con la servidumbre mental a la que el estado había adormecido al pueblo, para poder volver a ser libres de pensar, vivir y hacer según las leyes de convivencia...¿Pero qué podría generar ése caos, sin que hubiera más víctimas que los mismos Grandes?
miércoles, 19 de septiembre de 2012
El miedo (y el grito)
Nadie sabía cómo
había surgido. Un buen día, el miedo se había instalado en la sociedad Idiota.
Había sido de un modo tan sutil, tan perverso, que nadie lo había notado. Pero
todos tenían temor, un inmenso e incomprensible temor
Desde el principio
del gobierno del Líder, se había utilizado el método de sembrar el terror
deliberadamente. Rememorando los hechos tremendos que habían provocado la caída
del gobierno anterior, preguntando todo el tiempo si se quería volver a esos
días. Poniéndose como ejemplo de que todo tiempo pasado fue peor…y si alguno
osase pensar de otra forma, se volvería a ese pasado oscuro, tétrico, y tan
cercano.
Hubo otra forma de
implementar el miedo. Al principio no parecía que una cosa tuviera que ver con
la otra, pero con el tiempo, los lazos que unían a algunos Grandes con la
delincuencia eran tan claros, que solamente por miedo, la sociedad guardaba un
silencio inexplicable.
Una escalada en la
delincuencia hizo que el pueblo fuera encerrándose cada vez más, aislándose hasta
de sus propios familiares. Ya no habían festejos especiales, porque quienes se
alejaban de sus hogares, al volver se encontraban con que sus casas habían sido
asaltadas y ya no poseían absolutamente nada.
Al principio eran
hechos esporádicos. En un momento, incendiaron las casas, hasta hacerlas
inhabitables (éste recurso normalmente se utilizaba en el domicilio de algún
Idiota que comenzaba a molestar). Luego fueron asaltos a personas, hurtos de
todo tipo y método. Los más graves, incluían algún muerto, para que la sociedad
supiera que cualquiera podía ser el próximo.
De repente, la persona
que caminaba por la vereda, podría ser un potencial ladrón. Todos caminaban con
la cabeza gacha, y evitando las zonas que se llamaban “peligrosas”. Quien se
atrevía a cruzarlas, debería atenerse a las consecuencias.
Junto con el miedo,
el silencio se había instalado en el pueblo. Un silencio por momentos cómplice,
ya que el mismo temor hacía que, quienes sabían qué pasaba realmente,
enmudecieran, ya que sus vidas estaban en peligro. Muy pocos tenían la forma de
resguardarse, ya que hasta era riesgoso
confiar en alguien, puesto que, dominados por el mismo temor, ese alguien
podría denunciar a los grandes a la persona que había confiado sus dudas y
certezas.
Se vivía con un nudo
en la garganta. Como si una enorme mano oprimiera las voces y las silenciara.
Pero hubo una noche
en que un grito rompió el silencio. Un grito fuerte, desgarrador, solitario, y
al mismo tiempo, multitudinario. Un grito que despertó en cada Idiota la
necesidad de salir a la calle para saber qué sucedía.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
El señor Shorting
Había logrado
posicionarse en uno de los medios tras dejar en el camino a varios
competidores. Su perfil bajo le permitía nadar entre los peces grandes y pasar
medianamente desapercibido. Los grandes lo utilizaban, considerándolo un tibio
útil. Los idiotas que estaban bajo sus órdenes secretamente lo aborrecían.
Recibía permanentemente
informes clandestinos de personas que buscaban boicotear al gobierno. Algunos
formaban parte de las sombras, otros, simples criticones que pensaban que
Shorting haría algo por su causa alguna vez.
Fumaba dos atados
de cigarrillos por día. Cuando se
retiraba al patio de la agencia a fumar, escondidas en la agenda, Shorting leía
todas las notas que le enviaban. Luego las rompía y las quemaba, para que nunca
lo vincularan con esos movimientos. Le había costado mucho permanecer en ese
puesto, convencer a muchos jerarcas que él era el indicado, aunque no fuera el
mejor, y que sería funcional a sus intereses.
Nunca hacía
preguntas. Recibía los informes y los leía al aire con su mejor sonrisa. Había intentado
ingresar al mundo de los Grandes, cada vez que había podido. Sin embargo, esos
a los cuales él servía...lo despreciaban. Pero al mismo tiempo, todos eran
conscientes que Shorting sabía demasiadas cosas y sólo tenían una forma de
liberarse de él.
Shorting conocía
las formas que los Grandes usaban para sacarse de encima a quienes se metían en
donde no correspondía. Por eso guardaba en el fondo de su consciencia la
memoria de muchos crímenes, a los que había ignorado por comodidad y
conveniencia. La historia, su propia historia, le demandaría tomar posiciones y
decidir si quedaba como un Idiota, o sería protagonista de la guerra que
vendría para cambiarlo todo.
sábado, 21 de julio de 2012
El gran circo
Solimano era uno de los gobernantes más influyentes de la sociedad. Había pasado muchas cosas en su vida y el pueblo lo quería. No era un "hijo de" de ningún político. Su entrada a la elite de los Grandes había sido a través del deporte, y luego de que una terrible tragedia cortara su carrera. Era un hombre callado, de perfil muy bajo, todo lo contrario al resto de los grandes.
Había estado al lado del Líder cuando éste asumió el poder. Era su delfín, para no decir su mano derecha. Sin embargo, la Sucesora dudaba de su fidelidad y no quería que fuera tan aceptado. Pero ella tenía otros planes. Planes para su continuidad en el poder.
Algunas miembros de la zona maldita habían comenzado a murmurar y a hacer pintadas revelando ciertas irregularidades de su gobierno. Ella, que había vivido a la sombra del Líder, no tenía ni su carisma ni su habilidad para llevar al contrario a su terreno y convencerlo hasta de lo que no quería ser convencido. Ella, ahora que había asumido el poder, quería que todos la respetasen y temiesen. Era la primera mujer en ser gobernante de la nación elegida por el pueblo, si bien sabía perfectamente que esa decisión había sido tomada por la noticia de la enfermedad del Líder. Quería demostrarle a todos los que habían criticado esa decisión, cuán equivocados estaban.
Necesitaba sobremanera demostrar su poder. Y eso hizo con Solimano. Humillarlo hasta que no fuera posible. Hacerle ver que no era tan capaz como todos creían y si fuera posible, obligarlo a que él le pidiera por favor su ayuda. Así luego ella, con un gesto de magnánima generosidad, le demostrara quién mandaba realmente.
Aunque no todo funcionó como esperaba. Algunos Idiotas comenzaron a mirar de otra forma los discursos. No estaban tan anestesiados. Igualmente, muy pocos sabían la verdad y lo importante era que Solimano había sido funcional a sus deseos. Él quería una porción de poder y, en una reunión secreta de la cual nadié tenía conocimiento, tanto la Sucesora como él coordinaron cómo seria ese plan de acción, para que los Idiotas que comenzaban a percatarse de las palabras fugadas de la zona maldita, revelando los deslices y gastos superfluos de quienes gobernaban, volvieran los ojos a otros problemas, que en realidad no existían.
Para que el plan de la Sucesora fuese perfecto, faltaba un pequeño detalle. Como convencer al médico personal del Líder que desconectara la cámara de criogenización en donde él esperaba la cura a su enfermedad.
Había estado al lado del Líder cuando éste asumió el poder. Era su delfín, para no decir su mano derecha. Sin embargo, la Sucesora dudaba de su fidelidad y no quería que fuera tan aceptado. Pero ella tenía otros planes. Planes para su continuidad en el poder.
Algunas miembros de la zona maldita habían comenzado a murmurar y a hacer pintadas revelando ciertas irregularidades de su gobierno. Ella, que había vivido a la sombra del Líder, no tenía ni su carisma ni su habilidad para llevar al contrario a su terreno y convencerlo hasta de lo que no quería ser convencido. Ella, ahora que había asumido el poder, quería que todos la respetasen y temiesen. Era la primera mujer en ser gobernante de la nación elegida por el pueblo, si bien sabía perfectamente que esa decisión había sido tomada por la noticia de la enfermedad del Líder. Quería demostrarle a todos los que habían criticado esa decisión, cuán equivocados estaban.
Necesitaba sobremanera demostrar su poder. Y eso hizo con Solimano. Humillarlo hasta que no fuera posible. Hacerle ver que no era tan capaz como todos creían y si fuera posible, obligarlo a que él le pidiera por favor su ayuda. Así luego ella, con un gesto de magnánima generosidad, le demostrara quién mandaba realmente.
Aunque no todo funcionó como esperaba. Algunos Idiotas comenzaron a mirar de otra forma los discursos. No estaban tan anestesiados. Igualmente, muy pocos sabían la verdad y lo importante era que Solimano había sido funcional a sus deseos. Él quería una porción de poder y, en una reunión secreta de la cual nadié tenía conocimiento, tanto la Sucesora como él coordinaron cómo seria ese plan de acción, para que los Idiotas que comenzaban a percatarse de las palabras fugadas de la zona maldita, revelando los deslices y gastos superfluos de quienes gobernaban, volvieran los ojos a otros problemas, que en realidad no existían.
Para que el plan de la Sucesora fuese perfecto, faltaba un pequeño detalle. Como convencer al médico personal del Líder que desconectara la cámara de criogenización en donde él esperaba la cura a su enfermedad.
domingo, 8 de julio de 2012
La potencia
Nadie sabía qué unía a Arnaldo, a Nara y al señor Juárez. Ni ellos sabían que tenían un punto en contacto. No se conocían las caras, pues cuando las sombras se encontraban, sólo oían sus voces. El plan del señor Juárez era destituir a la Sucesora, y para eso había necesitado ser cómplice de su poder. Había accedido a los más grandes secretos del estado y se había adueñado de una gran red de medios. Sutilmente incorporaba críticas a su mandato, pequeñas frases que harían despertar al pueblo.
Necesitaba el conocimiento de Arnaldo, sabía que él ayudaría a reestablecer la historia verdadera. Él había llegado a ese saber luego de acercarse al Líder. Y Nara, era una verdadera revolucionaria. Silenciosa, pero con un volcán en su interior.
La abuela había logrado arreglar que Nara fuera una de las jóvenes que se casarían ese año. Había investigado a Juan Pérez, y era el candidato perfecto. Ya había decidido que le diría a su macabro hijo que descubrió que Nara no era una clon, sino que se encontraba en la granja por error. Los clones no tenían derecho a casarse, ni siquiera con un Idiota. Una vez libre, Nara podría cumplir con su parte en la misión de convencer a los habitantes de la zona Maldita de que tendrían que comenzar a acercarse al pueblo Idiota con tranquilidad y comenzar a convivir en forma respetuosa.
La idea de hacer caer al poder estaba latente. Sin embargo, nadie quería un baño de sangre. Lo que se buscaba era despertar al pueblo de su letargo y hacerlo reaccionar en las próximas elecciones. Para eso era necesario un trabajo lento, casi imperceptible, para evitar la violencia y que la Sucesora y sus ministros no utilizaran cualquier acontecimiento a su favor.
Necesitaba el conocimiento de Arnaldo, sabía que él ayudaría a reestablecer la historia verdadera. Él había llegado a ese saber luego de acercarse al Líder. Y Nara, era una verdadera revolucionaria. Silenciosa, pero con un volcán en su interior.
La abuela había logrado arreglar que Nara fuera una de las jóvenes que se casarían ese año. Había investigado a Juan Pérez, y era el candidato perfecto. Ya había decidido que le diría a su macabro hijo que descubrió que Nara no era una clon, sino que se encontraba en la granja por error. Los clones no tenían derecho a casarse, ni siquiera con un Idiota. Una vez libre, Nara podría cumplir con su parte en la misión de convencer a los habitantes de la zona Maldita de que tendrían que comenzar a acercarse al pueblo Idiota con tranquilidad y comenzar a convivir en forma respetuosa.
La idea de hacer caer al poder estaba latente. Sin embargo, nadie quería un baño de sangre. Lo que se buscaba era despertar al pueblo de su letargo y hacerlo reaccionar en las próximas elecciones. Para eso era necesario un trabajo lento, casi imperceptible, para evitar la violencia y que la Sucesora y sus ministros no utilizaran cualquier acontecimiento a su favor.
sábado, 30 de junio de 2012
El señor Juárez
El señor
Juárez
Había sido
el socio económico del Líder. Se había beneficiado con licencias y negocios a
los que jamás hubiera imaginado. De ser alguien que había nacido en la más
absoluta pobreza, tener el poder que había logrado era algo que no había imaginado
ni en sus sueños más locos.
Todo comenzó
como de casualidad. El señor Juárez y el Líder esperaban en la sala de un
contador, y al estar solos, comenzaron a conversar para matar el tiempo. El
Líder se dio cuenta de que podría confiar en un tipo humilde como Juárez.
Juárez descubriría mucho después que ésa había sido la oportunidad de su vida…
El Líder
necesitaba a alguien que fingiera ser propietario de unas tierras en las que
estaba interesado, pero que oficialmente no podía adquirir. De manera que Juárez sería su testaferro. Al
principio no lo comprendió, pero cuando
Juárez se dio cuenta de la ambición del Líder, poco a poco fue buscando la
forma de tornarse imprescindible para él.
Lo convenció
de que lo mejor era continuar apareciendo ante todos como el gran empresario
que había logrado posicionarse en la vida tras mucho trabajo. Construyeron esa
mentira, que al cabo de un tiempo, se convirtió en realidad. Había sido lento y
minucioso el trabajo que había hecho
para lograr que el Líder lo convirtiera en su alter ego.
La meta
final del señor Juárez era apoderarse de los medios de difusión. Una vez
sorteado ese escollo, utilizaría todas las formas posibles para que el Líder fuera odiado por el pueblo y
quitarle su poder. Tuvo un golpe de suerte cuando supo de la sorpresiva muerte
de su mentor. Y la Sucesora desconocía esos negocios ya firmados entre ellos,
de los que ahora él se aprovecharía. No
le costaría mucho trabajo volver al pueblo en contra de ella y conseguir el
puesto de gobernante para sí mismo. Tenía la forma. El mayor grupo de medios de
comunicación eran suyos. Así como había ayudado a construir la imagen del
Líder, conseguiría destruir a la Sucesora y hacer que la destituyan para su
propio beneficio.
viernes, 22 de junio de 2012
Las sombras
Nadie se conocía por su nombre. Pero el ritual estaba implementado desde hacía tiempo, muy pocos podían recordar cuándo fue la primera reunión. Sin embargo, todos estaban de acuerdo en un aspecto: el sistema de gobierno que tenían no podía continuar.
Lamentablemente no contaban con los medios de darse a conocer. Las elecciones eran un fraude, manejado electrónicamente por el Líder y, más tarde, por la Sucesora, para ganar los comicios indefinidamente. No podían hacerles frente, ya que los candidatos opositores, eran puestos por orden del Líder. Y sabían que cualquiera que intentara mostrar la verdad, sería enviado a la zona Maldita.
Ellos se denominaban "las sombras". Salían luego de que las patrullas terminaran de controlar que todos dormían. No se comunicaban por ningún medio electrónico. Nada que pudiera ser incautado por los vigilantes o llegara a manos de algún Grande. Ellos mismos eran Grandes, pero no por poder político. Como Arnaldo, pertenecían a esa elite por méritos académicos. Y si descubrían algún librepensador, debatían su ingreso, y era llevado de a poco, para que nadie supiese de esos encuentros.
Se encontraban en un lugar oscuro, casi no se conocían las caras, sólo las voces. Hablaban sobre historia, sobre literatura, sobre política. Los pocos Idiotas que fueron captados, comenzaban a comprender muchas cosas sobre la realidad que vivían. Descubrían un mundo que no tenían la menor idea que existiera. Al principio había que contenerlos mucho, ya que la rabia los inundaba y había que ser muy cauteloso.
No tenían un plan, simplemente difundir un poco el conocimiento que ellos habían adquirido y encontrar a alguien capaz de enfrentar al gobierno. La táctica de la enseñanza virtual era nociva, y gran parte de la sociedad Idiota ignoraba la gran manipulación que se hacía mediante los cascos virtuales y, sobre todo, a traves de los programas que ponderaban sobremanera todas las actividades del poder, y negaban cualquier cosa que se opusiera a él.
Las sombras sabían que tenían un enemigo poderoso. Sólo debían estar bien preparados para poder salir a la luz. Quien fuera capaz de enfrentarlos y despertar al resto de las personas, provocaría un cambio social irreversible.
Lamentablemente no contaban con los medios de darse a conocer. Las elecciones eran un fraude, manejado electrónicamente por el Líder y, más tarde, por la Sucesora, para ganar los comicios indefinidamente. No podían hacerles frente, ya que los candidatos opositores, eran puestos por orden del Líder. Y sabían que cualquiera que intentara mostrar la verdad, sería enviado a la zona Maldita.
Ellos se denominaban "las sombras". Salían luego de que las patrullas terminaran de controlar que todos dormían. No se comunicaban por ningún medio electrónico. Nada que pudiera ser incautado por los vigilantes o llegara a manos de algún Grande. Ellos mismos eran Grandes, pero no por poder político. Como Arnaldo, pertenecían a esa elite por méritos académicos. Y si descubrían algún librepensador, debatían su ingreso, y era llevado de a poco, para que nadie supiese de esos encuentros.
Se encontraban en un lugar oscuro, casi no se conocían las caras, sólo las voces. Hablaban sobre historia, sobre literatura, sobre política. Los pocos Idiotas que fueron captados, comenzaban a comprender muchas cosas sobre la realidad que vivían. Descubrían un mundo que no tenían la menor idea que existiera. Al principio había que contenerlos mucho, ya que la rabia los inundaba y había que ser muy cauteloso.
No tenían un plan, simplemente difundir un poco el conocimiento que ellos habían adquirido y encontrar a alguien capaz de enfrentar al gobierno. La táctica de la enseñanza virtual era nociva, y gran parte de la sociedad Idiota ignoraba la gran manipulación que se hacía mediante los cascos virtuales y, sobre todo, a traves de los programas que ponderaban sobremanera todas las actividades del poder, y negaban cualquier cosa que se opusiera a él.
Las sombras sabían que tenían un enemigo poderoso. Sólo debían estar bien preparados para poder salir a la luz. Quien fuera capaz de enfrentarlos y despertar al resto de las personas, provocaría un cambio social irreversible.
miércoles, 20 de junio de 2012
El conocedor
Arnaldo era un viejo escritor, conocedor de la historia en su totalidad. Había nacido en una familia humilde, antes de la época en que se instauró la división de clases sociales en Grandes, Idiotas, y Malditos. En ese entonces, hablar de clones era casi hablar de ciencia ficción y se utilizaba para recuperar alguna especie en peligro de extinción. No se hablaba de clonar humanos, mucho menos para utilizarlos como esclavos de servicio o sexuales.
Durante su juventud, tuvo la suerte de poder estudiar y acceder a muchos conocimientos. Gracias a sus excelentes calificaciones, accedió a dar clases en distintas universidades, mientras escribía columnas de opinión en diferentes medios. Tenía la capacidad de no llevarse mal con nadie y evitaba contradecir las opiniones ajenas. Creía que toda persona tenía derecho a ser escuchada, por mas que sus ideas fueran malas.
Jamás pensó que el proyecto del Líder, en aquéllos años un casi desconocido gobernante del interior, llegara a hacerse realidad. Lo había conocido una vez, en un café, cuando una revuelta provocó la renuncia de varios funcionarios públicos. Poco a poco, el Líder habia ganado terreno y se había convertido en eso que tanto anhelaba ser, el dirigente de todo un país, vapuleado y vitoreado al mismo tiempo.
El gran problema era que este líder no soportaba a quienes lo contradecían. Y había pergeñado un plan, un peligroso plan. Necesitaba evitar que los ciudadanos lo consideraran un tirano, cosa que jamás soportaría escuchar. No podía imponer a nadie por la fuerza acciones que los llevaran a seguirlo sin dudar.
Había que convencer a la gente que él era el mejor y el único que podía gobernarlos. Pero imponerles un estado de sitio para asegurarse que los medios informativos hiciesen su trabajo no era una tarea fácil. No podía decretar un estado de sitio, o terminaría con el gobernante anterior, renunciando por la fuerza y como un cadáver político. Había que encontrar la solución.
Fue una noche, como tantas, que se quedaba mirando los programas que no eran sumisos a su poder. Y esa nefasta idea se impuso en su mente, como la única posiblidad de dominar todos los aspectos de la vida cotidiana... Sería un trabajo duro, pero no era imposible conseguir que los ciudadanos se autoimpusieran el famoso toque de queda.
En esos días, la violencia era una circunstancia repetida en la sociedad. Todas las semanas había asaltos, robos, vaciamientos de comercios, asesinatos. Los medios que lo criticaban pasaban la noticias varias veces en el día. Ante los reclamos, la respuesta fue que no existía tal violencia, que era una sensación creada por un grupo mediático para "desestabilizar" su gobierno.
Lo que mata es la indiferencia. Y esa indiferencia ante la muerte fue la que impuso en las personas la necesidad de dejar de ir a ciertos lugares, de quedarse en sus casas a partir de ciertas horas. Un toque de queda autoimpuesto fue la respuesta a la indiferencia, al silencio. Y fue en ese momento, en que todos los medios fueron apropiados por el Líder.
Un programa especial dedicado a aplaudir cada cosa que se inauguraba. Cada acto, promesa, era transmitido en vivo y en directo, con una extensa charla entre los conductores, explicando por qué era bueno que se hiciese tal o cual cosa.
Costó un tiempo, luego, eliminar a los que molestaban. Fueron expulsados a la zona Maldita aquellos que pensaban distinto, que no le creían al Líder y que cuestionaban su excesivo poder. Las noticias jamás comentaban qué sucedía con estas personas. Simplemente, desaparecían, sin ninguna razón.
Arnaldo supo caminar al borde del abismo. Su silencio y su capacidad de no contestar una afrenta lo salvó de ir a la zona Maldita. Fue uno de las pocas personas comunes, ajenas al poder, que ascendió a Grande sólo por sus conocimientos. Realmente nunca había creído en el Líder y su gobierno, pero le convenía mantenerse con vida y no quería convertirse en un mártir.
Cuando el "toque de queda" autoimpuesto fue una realidad y la idiotización de la sociedad un hecho, escuadrones del ministerio de seguridad ingresaron a cada domicilio y expropiaron todo texto que hablara del pasado. Cualquier material que criticara al poder. Todo aquéllo que pudiera despertar a un librepensador.
Arnaldo, adivinando esto, había sabido esconder cualquier indicio de enemistad con el gobierno. Sus libros históricos, sus colecciones de periódicos, sus clases magistrales, todo había sido sabiamente escondido y los inspectores jamás encontraron nada que lo convirtiera en sospechoso. Ah, si las paredes de su casa hablaran...
Ahí había escondido todo lo que pudiera comprometerlo. Incluso un diario manuscrito en el que contaba, día por día, lo que el Líder y sus seguidores tenían planeado. Mientras era respetado en la sociedad Grande por su conocimiento y su sabiduría, tendría un salvoconducto para evitar problemas y poder contar, algún día, todo aquéllo que él sabía, que escuchaba a diario, y era ocultado a la sociedad.
El problema a vencer era cómo hacer para despertar a la socieda de una sola vez, sin morir en el intento.
Durante su juventud, tuvo la suerte de poder estudiar y acceder a muchos conocimientos. Gracias a sus excelentes calificaciones, accedió a dar clases en distintas universidades, mientras escribía columnas de opinión en diferentes medios. Tenía la capacidad de no llevarse mal con nadie y evitaba contradecir las opiniones ajenas. Creía que toda persona tenía derecho a ser escuchada, por mas que sus ideas fueran malas.
Jamás pensó que el proyecto del Líder, en aquéllos años un casi desconocido gobernante del interior, llegara a hacerse realidad. Lo había conocido una vez, en un café, cuando una revuelta provocó la renuncia de varios funcionarios públicos. Poco a poco, el Líder habia ganado terreno y se había convertido en eso que tanto anhelaba ser, el dirigente de todo un país, vapuleado y vitoreado al mismo tiempo.
El gran problema era que este líder no soportaba a quienes lo contradecían. Y había pergeñado un plan, un peligroso plan. Necesitaba evitar que los ciudadanos lo consideraran un tirano, cosa que jamás soportaría escuchar. No podía imponer a nadie por la fuerza acciones que los llevaran a seguirlo sin dudar.
Había que convencer a la gente que él era el mejor y el único que podía gobernarlos. Pero imponerles un estado de sitio para asegurarse que los medios informativos hiciesen su trabajo no era una tarea fácil. No podía decretar un estado de sitio, o terminaría con el gobernante anterior, renunciando por la fuerza y como un cadáver político. Había que encontrar la solución.
Fue una noche, como tantas, que se quedaba mirando los programas que no eran sumisos a su poder. Y esa nefasta idea se impuso en su mente, como la única posiblidad de dominar todos los aspectos de la vida cotidiana... Sería un trabajo duro, pero no era imposible conseguir que los ciudadanos se autoimpusieran el famoso toque de queda.
En esos días, la violencia era una circunstancia repetida en la sociedad. Todas las semanas había asaltos, robos, vaciamientos de comercios, asesinatos. Los medios que lo criticaban pasaban la noticias varias veces en el día. Ante los reclamos, la respuesta fue que no existía tal violencia, que era una sensación creada por un grupo mediático para "desestabilizar" su gobierno.
Lo que mata es la indiferencia. Y esa indiferencia ante la muerte fue la que impuso en las personas la necesidad de dejar de ir a ciertos lugares, de quedarse en sus casas a partir de ciertas horas. Un toque de queda autoimpuesto fue la respuesta a la indiferencia, al silencio. Y fue en ese momento, en que todos los medios fueron apropiados por el Líder.
Un programa especial dedicado a aplaudir cada cosa que se inauguraba. Cada acto, promesa, era transmitido en vivo y en directo, con una extensa charla entre los conductores, explicando por qué era bueno que se hiciese tal o cual cosa.
Costó un tiempo, luego, eliminar a los que molestaban. Fueron expulsados a la zona Maldita aquellos que pensaban distinto, que no le creían al Líder y que cuestionaban su excesivo poder. Las noticias jamás comentaban qué sucedía con estas personas. Simplemente, desaparecían, sin ninguna razón.
Arnaldo supo caminar al borde del abismo. Su silencio y su capacidad de no contestar una afrenta lo salvó de ir a la zona Maldita. Fue uno de las pocas personas comunes, ajenas al poder, que ascendió a Grande sólo por sus conocimientos. Realmente nunca había creído en el Líder y su gobierno, pero le convenía mantenerse con vida y no quería convertirse en un mártir.
Cuando el "toque de queda" autoimpuesto fue una realidad y la idiotización de la sociedad un hecho, escuadrones del ministerio de seguridad ingresaron a cada domicilio y expropiaron todo texto que hablara del pasado. Cualquier material que criticara al poder. Todo aquéllo que pudiera despertar a un librepensador.
Arnaldo, adivinando esto, había sabido esconder cualquier indicio de enemistad con el gobierno. Sus libros históricos, sus colecciones de periódicos, sus clases magistrales, todo había sido sabiamente escondido y los inspectores jamás encontraron nada que lo convirtiera en sospechoso. Ah, si las paredes de su casa hablaran...
Ahí había escondido todo lo que pudiera comprometerlo. Incluso un diario manuscrito en el que contaba, día por día, lo que el Líder y sus seguidores tenían planeado. Mientras era respetado en la sociedad Grande por su conocimiento y su sabiduría, tendría un salvoconducto para evitar problemas y poder contar, algún día, todo aquéllo que él sabía, que escuchaba a diario, y era ocultado a la sociedad.
El problema a vencer era cómo hacer para despertar a la socieda de una sola vez, sin morir en el intento.
martes, 12 de junio de 2012
La abuela
Había sido
la primogénita de un matrimonio Grande, uno de los iniciadores de la casta. Eso
le había dado ciertos privilegios. Había tenido acceso a conocimientos que,
tiempo más tarde, fueron denegados a otras mujeres de igual condición. Con el
paso del tiempo, fue dándose cuenta de que su clase social no privilegiaba a
nadie, sino al contrario, cada vez iba haciéndose más cerrada y reducida.
Su
casamiento fue organizado por la sociedad Grande, como era la costumbre. Cuando
tuvo a su primogénito, comprendió que los beneficios a los que llegaría
estarían prohibidos para sus hermanos. Y decidió tácitamente no procrear más.
Nadie más que ella conocía esa determinación. A su modo, era la forma que tuvo de rebelarse ante
los suyos.
Desgraciadamente
no pudo elegir educar a su primogénito de otra forma, con una visión más amplia
de la vida. La cultura impuesta lo
devoró por completo y era uno de los más importantes miembros del gobierno.
A su modo
cauteloso, le pidió una dama de compañía. Una muchacha que se encargara de
estar con ella, ayudarla con las tareas de la casa, acompañarla en sus salidas.
A su hijo le pareció muy buena idea que su madre tuviese, al fin, personal
esclavo a su servicio.
Fue ella
misma quien eligió a Nara en la granja de clones. Hubo algo en la mirada de
aquella niña que le llamó la atención. Una extraña fuerza, un brillo que no se
veía en otros clones, y ni siquiera en alguien de la casta Grande.
Se
sorprendió al descubrir la inteligencia de Nara. La instruyó de modo tal que la
criatura fuera cautelosa delante del primogénito sobre las actividades que
hacían en la casa. Jamás debía saber que un clon accedía libremente a libros de
toda clase, que tenían debates intensos sobre la libertad. La abuela sabía que la vida de Nara corría un
serio peligro si algo quedaba librado al azar.
Una mañana
salieron juntas. Era una de esas salidas que jamás se revelarían ante el hijo
de esta mujer, que también soñaba con la libertad. En una calle se cruzaron con
un joven, que miró intensamente a Nara…y ella
supo que ésa era una forma de concretar su plan.
En su
juventud , la abuela había trabajado en
el ministerio civil y aún tenía acceso privilegiado a todo el sistema. Sabía perfectamente que la única forma de
salvaguardar a Nara era hacerle
documentación de Idiota, crearle una historia, papelería totalmente
legal y creíble… el único inconveniente sería la forma de convencer a su hijo
de que Nara no era una clon y que se encontraba en la granja por error.
Había
logrado averiguar quién era el joven con el que se habían cruzado y al que Nara
le había causado tanto impacto. Un tal Juan
Pérez, trabajaba en el instituto de estadísticas en donde su hijo era el
principal jefe.
viernes, 8 de junio de 2012
Los clones
Había una parte de la sociedad que permanecía como un mito urbano, un secreto a voces que nadie se atrevía a confirmar ni, mucho menos, a desmentir. Eran los clones.
Desde hacía mucho tiempo, la parte de la sociedad autodenomidad Grandes, habían creado una forma de satisfacer todas sus necesidades sin tener problemas. Crearon, en un centro clandestino, una "granja" de clones. Esta granja, aislada y custodiada, proporcionaba a la sociedad de esclavos tanto para el uso doméstico y sexual. Muchos de los especímenes eran utilizados por los mismos científicos para pruebas de sustancias químicas, tóxicas, cosméticas.
Los clones eran propiedad de quien adquiría el embrión. Los proveedores de las células eran lo que se denominaba "material de descarte", personas capturadas por patrullas que recorrían la ciudad Idiota cuando se imponían toques de queda, y que bajo el pretexto de acercarlos a sus domicilios eran secuestrados y trasladados a la granja.
Un clon jamás tendría derecho a nada. Ni a saber su propia identidad. Si su dueño así lo deseaba, podía hasta matarlo, ya que nadie reclamaría por su vida. Debían obedecer ciegamente las ordenes, no desafiar nunca a los Grandes y, por sobre todas las cosas, permanecer callados.
Los prostíbulos de las afueras de la ciudad estaban llenos de estos clones. Quienes compraban estos servicios eran generalmente los Grandes (los Idiotas casi no estaban enterados de la existencia de estos prostíbulos), quienes desahogaban así sus más bajos instintos. Muchos clones morían en estos lugares, sin que nadie supiera ni dijera nada.
Nara era una clon que servía en la casa de un Grande. Contrariando las reglas, la abuela de la casa, a cuyo servicio estaba, la había instruído. Le había enseñado a leer y a escribir. Cuando su hijo llegaba, Nara bajaba la mirada y actuaba como la abuela le había explicado. Esta mujer no estaba de acuerdo con la sociedad en la que vivía, sin embargo no podía hacer nada para cambiarlo, y sabía que a su muerte, Nara sufriría ya que no era una clon común. De alguna forma, esta abuela buscaría cambiar el destino de la joven y liberarla de esa esclavitud que le esperaba a su muerte.
Nara había escuchado muchas veces a su amo hablar del gobierno. Sabía demasiadas cosas. Sabía, incluso, la existencia de la granja en donde ella había nacido...Sabía, también, qué sucedía en la zona Maldita y la veía como un espacio en donde obtener su libertad...Y, de alguna forma u otra, Nara se fugaría de la ciudad Idiota...Lo que Nara no sabía aún, era que su libertad sería el comienzo de una larga sucesión de hechos que despertaría una rebelión hacia los Grandes y el fin de su gobierno.
Desde hacía mucho tiempo, la parte de la sociedad autodenomidad Grandes, habían creado una forma de satisfacer todas sus necesidades sin tener problemas. Crearon, en un centro clandestino, una "granja" de clones. Esta granja, aislada y custodiada, proporcionaba a la sociedad de esclavos tanto para el uso doméstico y sexual. Muchos de los especímenes eran utilizados por los mismos científicos para pruebas de sustancias químicas, tóxicas, cosméticas.
Los clones eran propiedad de quien adquiría el embrión. Los proveedores de las células eran lo que se denominaba "material de descarte", personas capturadas por patrullas que recorrían la ciudad Idiota cuando se imponían toques de queda, y que bajo el pretexto de acercarlos a sus domicilios eran secuestrados y trasladados a la granja.
Un clon jamás tendría derecho a nada. Ni a saber su propia identidad. Si su dueño así lo deseaba, podía hasta matarlo, ya que nadie reclamaría por su vida. Debían obedecer ciegamente las ordenes, no desafiar nunca a los Grandes y, por sobre todas las cosas, permanecer callados.
Los prostíbulos de las afueras de la ciudad estaban llenos de estos clones. Quienes compraban estos servicios eran generalmente los Grandes (los Idiotas casi no estaban enterados de la existencia de estos prostíbulos), quienes desahogaban así sus más bajos instintos. Muchos clones morían en estos lugares, sin que nadie supiera ni dijera nada.
Nara era una clon que servía en la casa de un Grande. Contrariando las reglas, la abuela de la casa, a cuyo servicio estaba, la había instruído. Le había enseñado a leer y a escribir. Cuando su hijo llegaba, Nara bajaba la mirada y actuaba como la abuela le había explicado. Esta mujer no estaba de acuerdo con la sociedad en la que vivía, sin embargo no podía hacer nada para cambiarlo, y sabía que a su muerte, Nara sufriría ya que no era una clon común. De alguna forma, esta abuela buscaría cambiar el destino de la joven y liberarla de esa esclavitud que le esperaba a su muerte.
Nara había escuchado muchas veces a su amo hablar del gobierno. Sabía demasiadas cosas. Sabía, incluso, la existencia de la granja en donde ella había nacido...Sabía, también, qué sucedía en la zona Maldita y la veía como un espacio en donde obtener su libertad...Y, de alguna forma u otra, Nara se fugaría de la ciudad Idiota...Lo que Nara no sabía aún, era que su libertad sería el comienzo de una larga sucesión de hechos que despertaría una rebelión hacia los Grandes y el fin de su gobierno.
lunes, 4 de junio de 2012
La Sucesora
Al enterarse
de la grave enfermedad que aquejaba al Líder tuvo sentimientos encontrados. Por
un lado, significaba perder al compañero de tantos años, al socio inevitable de tantos actos secretos, la única
persona que conocía cada una de sus debilidades. Por otro lado, era comenzar a
ocupar ese espacio que siempre consideró que era suyo, ya que el sistema
impuesto la obligaba a estar dos pasos detrás de él.
No fue fácil
escuchar el proyecto. No fue fácil convencerse de que él no iba a estar más a
su lado, ni de que en realidad tampoco estaría muerto. Simplemente dormido
hasta que se descubriera la cura a esa enfermedad. Y no sería fácil enfrentarse
al mundo y fingir permanentemente su dolor.
Luego de las
agotadoras jornadas del sepelio, se refugió unos días en el
mausoleo-laboratorio. Un pequeño número de los científicos más prestigiosos, y
parte de los Grandes, investigarían cada una de las miles de posibilidades de
retornar a la vida al Líder, y, al mismo tiempo, criar clones para que ocuparan
su lugar en el momento que fuera necesario. Todos dudaban seriamente de la
capacidad del Primogénito para llevar adelante la nación y continuar el sendero
abierto hacía tanto tiempo.
Mientras el
tiempo pasaba, a la Sucesora comenzaba a surgirle una sospecha. ¿Realmente
deseaba que los científicos descubrieran la cura de la enfermedad del Líder?
¿Quería que éste fuera despertado en algún
momento? Ella se lo preguntaba cada mañana, al enfrentarse con su espejo,
al descubrirse una nueva arruga en su rostro. Mientras ella envejecía por el
paso del tiempo, el Líder permanecía congelado, exactamente igual a cuando se
consumó la criogenización.
¿Cuánto
tiempo más demorarían los especialistas en encontrar la forma de salvarlo y
devolverlo a la vida? Si tardaban muchos años más, ella sería una anciana y él,
un hombre joven y aún maduro. Este pensamiento la torturaba día y noche. Por
ese motivo, los cuadros y retratos eran permanentemente renovados, para que no
quedaran huellas de los cambios que el tiempo y las cirugías habían hecho con
su rostro. Nadie debía atreverse a compararla ni a contrastarla con una imagen
suya anterior al tiempo actual. El pasado no existía. Lo pasado no debía
existir.
Cuando el
Líder le propuso asumir el rol de gobernar el país, hasta que él pudiera
retomar el control, al principio le agradó ese gesto de confianza. Luego se dio
cuenta de que era otra forma de manipulación y que la omnipotencia del Líder
llegaba hasta a querer controlar la muerte y la vida. Fue a partir de ese momento
en que comenzó a dudar de continuar con los estudios de los científicos y con
la producción de clones. Pero no sabía como hacer para impedir que éstos
siguieran avanzando con sus investigaciones.
Excepto el
médico personal, casi ninguno sabía extactamente qué estaban haciendo, la
información era escueta y cada uno estaba incomunicado con los otros
especialistas. De esta forma se aseguraban que ninguna información inadecuada
llegara a los Idiotas, y así evitar una posible rebelión.
Sabía que
los habitantes de la zona Maldita en algún momento darían problemas, y que no
sería fácil controlar a los idiotas. La única forma de no tener problemas era
desaparecer a los Malditos, pero éstos, a su vez, le servían como aleccionador
para que cualquiera que intentara sublevarse, lo pensase dos veces primero. No
podía dejarse llevar por los extremos. Los Malditos eran un peligro, pero a su
vez, un contenedor.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
