miércoles, 19 de septiembre de 2012

El miedo (y el grito)


Nadie sabía cómo había surgido. Un buen día, el miedo se había instalado en la sociedad Idiota. Había sido de un modo tan sutil, tan perverso, que nadie lo había notado. Pero todos tenían temor, un inmenso e incomprensible temor

Desde el principio del gobierno del Líder, se había utilizado el método de sembrar el terror deliberadamente. Rememorando los hechos tremendos que habían provocado la caída del gobierno anterior, preguntando todo el tiempo si se quería volver a esos días. Poniéndose como ejemplo de que todo tiempo pasado fue peor…y si alguno osase pensar de otra forma, se volvería a ese pasado oscuro, tétrico, y tan cercano.

 

Hubo otra forma de implementar el miedo. Al principio no parecía que una cosa tuviera que ver con la otra, pero con el tiempo, los lazos que unían a algunos Grandes con la delincuencia eran tan claros, que solamente por miedo, la sociedad guardaba un silencio inexplicable.

 

Una escalada en la delincuencia hizo que el pueblo fuera encerrándose cada vez más, aislándose hasta de sus propios familiares. Ya no habían festejos especiales, porque quienes se alejaban de sus hogares, al volver se encontraban con que sus casas habían sido asaltadas y ya no poseían absolutamente nada.

 

Al principio eran hechos esporádicos. En un momento, incendiaron las casas, hasta hacerlas inhabitables (éste recurso normalmente se utilizaba en el domicilio de algún Idiota que comenzaba a molestar). Luego fueron asaltos a personas, hurtos de todo tipo y método. Los más graves, incluían algún muerto, para que la sociedad supiera que cualquiera podía ser el próximo.

 

De repente, la persona que caminaba por la vereda, podría ser un potencial ladrón. Todos caminaban con la cabeza gacha, y evitando las zonas que se llamaban “peligrosas”. Quien se atrevía a cruzarlas, debería atenerse a las consecuencias.

 

Junto con el miedo, el silencio se había instalado en el pueblo. Un silencio por momentos cómplice, ya que el mismo temor hacía que, quienes sabían qué pasaba realmente, enmudecieran, ya que sus vidas estaban en peligro. Muy pocos tenían la forma de resguardarse, ya que hasta era  riesgoso confiar en alguien, puesto que, dominados por el mismo temor, ese alguien podría denunciar a los grandes a la persona que había confiado sus dudas y certezas.

 

Se vivía con un nudo en la garganta. Como si una enorme mano oprimiera las voces y las silenciara.

 

Pero hubo una noche en que un grito rompió el silencio. Un grito fuerte, desgarrador, solitario, y al mismo tiempo, multitudinario. Un grito que despertó en cada Idiota la necesidad de salir a la calle para saber qué sucedía.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El señor Shorting


Había logrado posicionarse en uno de los medios tras dejar en el camino a varios competidores. Su perfil bajo le permitía nadar entre los peces grandes y pasar medianamente desapercibido. Los grandes lo utilizaban, considerándolo un tibio útil. Los idiotas que estaban bajo sus órdenes secretamente lo aborrecían.

 

Recibía permanentemente informes clandestinos de personas que buscaban boicotear al gobierno. Algunos formaban parte de las sombras, otros, simples criticones que pensaban que Shorting haría algo por su causa alguna vez.

 

Fumaba dos atados de cigarrillos por día.  Cuando se retiraba al patio de la agencia a fumar, escondidas en la agenda, Shorting leía todas las notas que le enviaban. Luego las rompía y las quemaba, para que nunca lo vincularan con esos movimientos. Le había costado mucho permanecer en ese puesto, convencer a muchos jerarcas que él era el indicado, aunque no fuera el mejor, y que sería funcional a sus intereses.

 

Nunca hacía preguntas. Recibía los informes y los leía al aire con su mejor sonrisa. Había intentado ingresar al mundo de los Grandes, cada vez que había podido. Sin embargo, esos a los cuales él servía...lo despreciaban. Pero al mismo tiempo, todos eran conscientes que Shorting sabía demasiadas cosas y sólo tenían una forma de liberarse de él.

 

Shorting conocía las formas que los Grandes usaban para sacarse de encima a quienes se metían en donde no correspondía. Por eso guardaba en el fondo de su consciencia la memoria de muchos crímenes, a los que había ignorado por comodidad y conveniencia. La historia, su propia historia, le demandaría tomar posiciones y decidir si quedaba como un Idiota, o sería protagonista de la guerra que vendría para cambiarlo todo.

sábado, 21 de julio de 2012

El gran circo

Solimano era uno de los gobernantes más influyentes de la sociedad. Había pasado muchas cosas en su vida y el pueblo lo quería. No era un "hijo de" de ningún político. Su entrada a la elite de los Grandes había sido a través del deporte, y luego de que una terrible tragedia cortara su carrera. Era un hombre callado, de perfil muy bajo, todo lo contrario al resto de los grandes.


Había estado al lado del Líder cuando éste asumió el poder. Era su delfín, para no decir su mano derecha. Sin embargo, la Sucesora dudaba de su fidelidad y no quería que fuera tan aceptado. Pero ella tenía otros planes. Planes para su continuidad en el poder.


Algunas miembros de la zona maldita habían comenzado a murmurar y a hacer pintadas revelando ciertas irregularidades de su gobierno. Ella, que había vivido a la sombra del Líder, no tenía ni su carisma ni su habilidad para llevar al contrario a su terreno y convencerlo hasta de lo que no quería ser convencido. Ella, ahora que había asumido el poder, quería que todos la respetasen y temiesen. Era la primera mujer en ser gobernante de la nación elegida por el pueblo, si bien sabía perfectamente que esa decisión había sido tomada por la noticia de la enfermedad del Líder. Quería demostrarle a todos los que habían criticado esa decisión, cuán equivocados estaban.


Necesitaba sobremanera demostrar su poder. Y eso hizo con Solimano. Humillarlo hasta que no fuera posible. Hacerle ver que no era tan capaz como todos creían y si fuera posible, obligarlo a que él le pidiera por favor su ayuda. Así luego ella, con un gesto de magnánima generosidad, le demostrara quién mandaba realmente.


Aunque no todo funcionó como esperaba. Algunos Idiotas comenzaron a mirar de otra forma los discursos. No estaban tan anestesiados. Igualmente, muy pocos sabían la verdad y lo importante era que Solimano había sido funcional a sus deseos. Él quería una porción de poder y, en una reunión secreta de la cual nadié tenía conocimiento, tanto la Sucesora como él coordinaron cómo seria ese plan de acción, para que los Idiotas que comenzaban a percatarse de las palabras fugadas de la zona maldita, revelando los deslices y gastos superfluos de quienes gobernaban, volvieran los ojos a otros problemas, que en realidad no existían.


Para que el plan de la Sucesora fuese perfecto, faltaba un pequeño detalle. Como convencer al médico personal del Líder que desconectara la cámara de criogenización en donde él esperaba la cura a su enfermedad.





domingo, 8 de julio de 2012

La potencia

Nadie sabía qué unía a Arnaldo, a Nara y al señor Juárez. Ni ellos sabían que tenían un punto en contacto. No se conocían las caras, pues cuando las sombras se encontraban, sólo oían sus voces. El plan del señor Juárez era destituir a la Sucesora, y para eso había necesitado ser cómplice de su poder. Había accedido a los más grandes secretos del estado y se había adueñado de una gran red de medios. Sutilmente incorporaba críticas a su mandato, pequeñas frases que harían despertar al pueblo.

Necesitaba el conocimiento de Arnaldo, sabía que él ayudaría a reestablecer la historia verdadera. Él había llegado a ese saber luego de acercarse al Líder. Y Nara, era una verdadera revolucionaria. Silenciosa, pero con un volcán en su interior.

La abuela había logrado arreglar que Nara fuera una de las jóvenes que se casarían ese año. Había investigado a Juan Pérez, y era el candidato perfecto. Ya había decidido que le diría a su macabro hijo que descubrió que Nara no era una clon, sino que se encontraba en la granja por error. Los clones no tenían derecho a casarse, ni siquiera con un Idiota. Una vez libre, Nara podría cumplir con su parte en la misión de convencer a los habitantes de la zona Maldita de que tendrían que comenzar a acercarse al pueblo Idiota con tranquilidad y comenzar a convivir en forma respetuosa.

La idea de hacer caer al poder estaba latente. Sin embargo, nadie quería un baño de sangre. Lo que se buscaba era despertar al pueblo de su letargo y hacerlo reaccionar en las próximas elecciones. Para eso era necesario un trabajo lento, casi imperceptible, para evitar la violencia y que la Sucesora y sus ministros no utilizaran cualquier acontecimiento a su favor.

sábado, 30 de junio de 2012

El señor Juárez


El señor Juárez



Había sido el socio económico del Líder. Se había beneficiado con licencias y negocios a los que jamás hubiera imaginado. De ser alguien que había nacido en la más absoluta pobreza, tener el poder que había logrado era algo que no había imaginado ni en sus sueños más locos.



Todo comenzó como de casualidad. El señor Juárez y el Líder esperaban en la sala de un contador, y al estar solos, comenzaron a conversar para matar el tiempo. El Líder se dio cuenta de que podría confiar en un tipo humilde como Juárez. Juárez descubriría mucho después que ésa había sido la oportunidad de su vida…



El Líder necesitaba a alguien que fingiera ser propietario de unas tierras en las que estaba interesado, pero que oficialmente no podía adquirir. De  manera que Juárez sería su testaferro. Al principio no lo comprendió,  pero cuando Juárez se dio cuenta de la ambición del Líder, poco a poco fue buscando la forma de tornarse imprescindible para él.



Lo convenció de que lo mejor era continuar apareciendo ante todos como el gran empresario que había logrado posicionarse en la vida tras mucho trabajo. Construyeron esa mentira, que al cabo de un tiempo, se convirtió en realidad. Había sido lento y minucioso el  trabajo que había hecho para lograr que el Líder lo convirtiera en su alter ego.



La meta final del señor Juárez era apoderarse de los medios de difusión. Una vez sorteado ese escollo, utilizaría todas las formas posibles para  que el Líder fuera odiado por el pueblo y quitarle su poder. Tuvo un golpe de suerte cuando supo de la sorpresiva muerte de su mentor. Y la Sucesora desconocía esos negocios ya firmados entre ellos, de los que ahora él se aprovecharía.  No le costaría mucho trabajo volver al pueblo en contra de ella y conseguir el puesto de gobernante para sí mismo. Tenía la forma. El mayor grupo de medios de comunicación eran suyos. Así como había ayudado a construir la imagen del Líder, conseguiría destruir a la Sucesora y hacer que la destituyan para su propio beneficio.

viernes, 22 de junio de 2012

Las sombras

Nadie se conocía por su nombre. Pero el ritual estaba implementado desde hacía tiempo, muy pocos podían recordar cuándo fue la primera reunión. Sin embargo, todos estaban de acuerdo en un aspecto: el sistema de gobierno que tenían no podía continuar.

  Lamentablemente no contaban con los medios de darse a conocer. Las elecciones eran un fraude, manejado electrónicamente por el Líder y, más tarde, por la Sucesora, para ganar los comicios indefinidamente. No podían hacerles frente, ya que los candidatos opositores, eran puestos por orden del Líder. Y sabían que cualquiera que intentara mostrar la verdad, sería enviado a la zona Maldita.

  Ellos se denominaban "las sombras". Salían luego de que las patrullas terminaran de controlar que todos dormían. No se comunicaban por ningún medio electrónico. Nada que pudiera ser incautado por los vigilantes o llegara a manos de algún Grande. Ellos mismos eran Grandes, pero no por poder político. Como Arnaldo, pertenecían a esa elite por méritos académicos. Y si descubrían algún librepensador, debatían su ingreso, y era llevado de a poco, para que nadie supiese de esos encuentros.

   Se encontraban en un lugar oscuro, casi no se conocían las caras, sólo las voces. Hablaban sobre historia, sobre literatura, sobre política. Los pocos Idiotas que fueron captados, comenzaban a comprender muchas cosas sobre la realidad que vivían. Descubrían un mundo que no tenían la menor idea que existiera. Al principio había que contenerlos mucho, ya que la rabia los inundaba y había que ser muy cauteloso.

  No tenían un plan, simplemente difundir un poco el conocimiento que ellos habían adquirido y encontrar a alguien capaz de enfrentar al gobierno. La táctica de la enseñanza virtual era nociva,  y gran parte de la sociedad Idiota ignoraba la gran manipulación que se hacía mediante los cascos virtuales y, sobre todo, a traves de los programas que ponderaban sobremanera todas las actividades del poder, y negaban cualquier cosa que se opusiera a él.

   Las sombras sabían que tenían un enemigo poderoso. Sólo debían estar bien preparados para poder salir a la luz. Quien fuera capaz de enfrentarlos y despertar al resto de las personas, provocaría un cambio social irreversible.

  

miércoles, 20 de junio de 2012

El conocedor

    Arnaldo era un viejo escritor, conocedor de la historia en su totalidad. Había nacido en una familia humilde, antes de la época en que se instauró la división de clases sociales en Grandes, Idiotas, y Malditos. En ese entonces, hablar de clones era casi hablar de ciencia ficción y se utilizaba para recuperar alguna especie en peligro de extinción. No se hablaba de clonar humanos, mucho menos para utilizarlos como esclavos de servicio o sexuales.

     Durante su juventud, tuvo la suerte de poder estudiar y acceder a muchos conocimientos. Gracias a sus excelentes calificaciones, accedió a dar clases en distintas universidades, mientras escribía columnas de opinión en diferentes medios. Tenía la capacidad de no llevarse mal con nadie y evitaba contradecir las opiniones ajenas. Creía que toda persona tenía derecho a ser escuchada, por mas que sus ideas fueran malas.

   Jamás pensó que el proyecto del Líder, en aquéllos años un casi desconocido gobernante del interior, llegara a hacerse realidad. Lo había conocido una vez, en un café, cuando una revuelta provocó la renuncia de varios funcionarios públicos. Poco a poco, el Líder habia ganado terreno y se había convertido en eso que tanto anhelaba ser, el dirigente de todo un país, vapuleado y vitoreado al mismo tiempo.

   El gran problema era que este líder no soportaba a quienes lo contradecían. Y había pergeñado un plan, un peligroso plan. Necesitaba evitar que los ciudadanos lo consideraran un tirano, cosa que jamás soportaría escuchar. No podía imponer a nadie por la fuerza acciones que los llevaran a seguirlo sin dudar.

    Había que convencer a la gente que él era el mejor y el único que podía gobernarlos. Pero imponerles un estado de sitio para asegurarse que los medios informativos hiciesen su trabajo no era una tarea fácil. No podía decretar un estado de sitio, o terminaría con el gobernante anterior, renunciando por la fuerza y como un cadáver político. Había que encontrar la solución.

    Fue una noche, como tantas, que se quedaba mirando los programas que no eran sumisos a su poder. Y esa nefasta idea se impuso en su mente, como la única posiblidad de dominar todos los aspectos de la vida cotidiana... Sería un trabajo duro, pero no era imposible conseguir que los ciudadanos se autoimpusieran el famoso toque de queda.

   En esos días, la violencia era una circunstancia repetida en la sociedad. Todas las semanas había asaltos, robos, vaciamientos de comercios, asesinatos. Los medios que lo criticaban pasaban la noticias varias veces en el día. Ante los reclamos, la respuesta fue que no existía tal violencia, que era una sensación creada por un grupo mediático para "desestabilizar" su gobierno.

   Lo que mata es la indiferencia. Y esa indiferencia ante la muerte fue la que impuso en las personas la necesidad de dejar de ir a ciertos lugares, de quedarse en sus casas a partir de ciertas horas. Un toque de queda autoimpuesto fue la respuesta a la indiferencia, al silencio. Y fue en ese momento, en que todos los medios fueron apropiados por el Líder.

  Un programa especial dedicado a aplaudir cada cosa que se inauguraba. Cada acto, promesa, era transmitido en vivo y en directo, con una extensa charla entre los conductores, explicando por qué era bueno que se hiciese tal o cual cosa.

    Costó un tiempo, luego, eliminar a los que molestaban. Fueron expulsados a la zona Maldita aquellos que pensaban distinto, que no le creían al Líder y que cuestionaban su excesivo poder. Las noticias jamás comentaban qué sucedía con estas personas. Simplemente, desaparecían, sin ninguna razón.

   Arnaldo supo caminar al borde del abismo. Su silencio y su capacidad de no contestar una afrenta lo salvó de ir a la zona Maldita. Fue uno de las pocas personas comunes, ajenas al poder, que ascendió a Grande sólo por sus conocimientos. Realmente nunca había creído en el Líder y su gobierno, pero le convenía mantenerse con vida y no quería convertirse en un mártir.

    Cuando el "toque de queda" autoimpuesto fue una realidad y la idiotización de la sociedad un hecho, escuadrones del ministerio de seguridad ingresaron a cada domicilio y expropiaron todo texto que hablara del pasado. Cualquier material que criticara al poder. Todo aquéllo que pudiera despertar a un librepensador.

  Arnaldo, adivinando esto, había sabido esconder cualquier indicio de enemistad con el gobierno. Sus libros históricos, sus colecciones de periódicos, sus clases magistrales, todo había sido sabiamente escondido y los inspectores jamás encontraron nada que lo convirtiera en sospechoso. Ah, si las paredes de su casa hablaran...

   Ahí había escondido todo lo que pudiera comprometerlo. Incluso un diario manuscrito en el que contaba, día por día, lo que el Líder y sus seguidores tenían planeado. Mientras era respetado en la sociedad Grande por su conocimiento y su sabiduría, tendría un salvoconducto para evitar problemas y poder contar, algún día, todo aquéllo que él sabía, que escuchaba a diario, y era ocultado a la sociedad.

   El problema a vencer era cómo hacer para despertar a la socieda de una sola vez, sin morir en el intento.

martes, 12 de junio de 2012

La abuela


Había sido la primogénita de un matrimonio Grande, uno de los iniciadores de la casta. Eso le había dado ciertos privilegios. Había tenido acceso a conocimientos que, tiempo más tarde, fueron denegados a otras mujeres de igual condición. Con el paso del tiempo, fue dándose cuenta de que su clase social no privilegiaba a nadie, sino al contrario, cada vez iba haciéndose más cerrada y reducida.



Su casamiento fue organizado por la sociedad Grande, como era la costumbre. Cuando tuvo a su primogénito, comprendió que los beneficios a los que llegaría estarían prohibidos para sus hermanos. Y decidió tácitamente no procrear más. Nadie más que ella conocía esa determinación. A su  modo, era la forma que tuvo de rebelarse ante los suyos.



Desgraciadamente no pudo elegir educar a su primogénito de otra forma, con una visión más amplia de la vida. La cultura impuesta  lo devoró por completo y era uno de los más importantes miembros del gobierno. 



A su modo cauteloso, le pidió una dama de compañía. Una muchacha que se encargara de estar con ella, ayudarla con las tareas de la casa, acompañarla en sus salidas. A su hijo le pareció muy buena idea que su madre tuviese, al fin, personal esclavo a su servicio.



Fue ella misma quien eligió a Nara en la granja de clones. Hubo algo en la mirada de aquella niña que le llamó la atención. Una extraña fuerza, un brillo que no se veía en otros clones, y ni siquiera en alguien de la casta Grande.



Se sorprendió al descubrir la inteligencia de Nara. La instruyó de modo tal que la criatura fuera cautelosa delante del primogénito sobre las actividades que hacían en la casa. Jamás debía saber que un clon accedía libremente a libros de toda clase, que tenían debates intensos sobre la libertad.  La abuela sabía que la vida de Nara corría un serio peligro si algo quedaba librado al azar.

Una mañana salieron juntas. Era una de esas salidas que jamás se revelarían ante el hijo de esta mujer, que también soñaba con la libertad. En una calle se cruzaron con un joven, que miró intensamente a Nara…y ella  supo que ésa era una forma de concretar su plan.



En su juventud , la abuela había trabajado  en el ministerio civil y aún tenía acceso privilegiado a todo el sistema.  Sabía perfectamente que la única forma de salvaguardar a Nara era hacerle  documentación de Idiota, crearle una historia, papelería totalmente legal y creíble… el único inconveniente sería la forma de convencer a su hijo de que Nara no era una clon y que se encontraba en la granja por error.



Había logrado averiguar quién era el joven con el que se habían cruzado y al que Nara le había causado tanto impacto. Un tal Juan  Pérez, trabajaba en el instituto de estadísticas en donde su hijo era el principal jefe.

viernes, 8 de junio de 2012

Los clones

Había una parte de la sociedad que permanecía como un mito urbano, un secreto a voces que nadie se atrevía a confirmar ni, mucho menos, a desmentir. Eran los clones.

Desde hacía mucho tiempo, la parte de la sociedad autodenomidad Grandes, habían creado una forma de satisfacer todas sus necesidades sin tener problemas. Crearon, en un centro clandestino, una "granja" de clones. Esta granja, aislada y custodiada, proporcionaba a la sociedad de esclavos tanto para el uso doméstico y sexual. Muchos de los especímenes eran utilizados por los mismos científicos para pruebas de sustancias químicas, tóxicas, cosméticas.

Los clones eran propiedad de quien adquiría el embrión. Los proveedores de las células eran lo que se denominaba "material de descarte", personas capturadas por patrullas que recorrían la ciudad Idiota cuando se imponían toques de queda, y que bajo el pretexto de acercarlos a sus domicilios eran secuestrados y trasladados a la granja.

Un clon jamás tendría derecho a nada. Ni a saber su propia identidad. Si su dueño así lo deseaba, podía hasta matarlo, ya que nadie reclamaría por su vida. Debían obedecer ciegamente las ordenes, no desafiar nunca a los Grandes y, por sobre todas las cosas, permanecer callados.

Los prostíbulos de las afueras de la ciudad estaban llenos de estos clones. Quienes compraban estos servicios eran generalmente los Grandes (los Idiotas casi no estaban enterados de la existencia de estos prostíbulos), quienes desahogaban así sus más bajos instintos. Muchos clones morían en estos lugares, sin que nadie supiera ni dijera nada.

Nara era una clon que servía en la casa de un Grande. Contrariando las reglas, la abuela de la casa, a cuyo servicio estaba, la había instruído. Le había enseñado a leer y a escribir. Cuando su hijo llegaba, Nara bajaba la mirada y actuaba como la abuela le había explicado. Esta mujer no estaba de acuerdo con la sociedad en la que vivía, sin embargo no podía hacer nada para cambiarlo, y sabía que a su muerte, Nara sufriría ya que no era una clon común. De alguna forma, esta abuela buscaría cambiar el destino de la joven y liberarla de esa esclavitud que le esperaba a su muerte.

Nara había escuchado muchas veces a su amo hablar del gobierno. Sabía demasiadas cosas. Sabía, incluso, la existencia de la granja en donde ella había nacido...Sabía, también, qué sucedía en la zona Maldita y la veía como un espacio en donde obtener su libertad...Y, de alguna forma u otra, Nara se fugaría de la ciudad Idiota...Lo que Nara no sabía aún, era que su libertad sería el comienzo de una larga sucesión de hechos que despertaría una rebelión hacia los Grandes y el fin de su gobierno.

lunes, 4 de junio de 2012

La Sucesora


 Siempre lo había acompañado, desde un perfil más bajo, en un segundo plano, reforzando todo lo que el Líder decía.  Sin embargo, tenía una imperiosa necesidad de comenzar a tener su propio espacio, el protagonismo que tantos años a la sombra habían alimentado.



Al enterarse de la grave enfermedad que aquejaba al Líder tuvo sentimientos encontrados. Por un lado, significaba perder al compañero de tantos años, al socio  inevitable de tantos actos secretos, la única persona que conocía cada una de sus debilidades. Por otro lado, era comenzar a ocupar ese espacio que siempre consideró que era suyo, ya que el sistema impuesto la obligaba a estar dos pasos detrás de él.



No fue fácil escuchar el proyecto. No fue fácil convencerse de que él no iba a estar más a su lado, ni de que en realidad tampoco estaría muerto. Simplemente dormido hasta que se descubriera la cura a esa enfermedad. Y no sería fácil enfrentarse al mundo y fingir permanentemente su dolor.



Luego de las agotadoras jornadas del sepelio, se refugió unos días en el mausoleo-laboratorio. Un pequeño número de los científicos más prestigiosos, y parte de los Grandes, investigarían cada una de las miles de posibilidades de retornar a la vida al Líder, y, al mismo tiempo, criar clones para que ocuparan su lugar en el momento que fuera necesario. Todos dudaban seriamente de la capacidad del Primogénito para llevar adelante la nación y continuar el sendero abierto hacía tanto tiempo.



Mientras el tiempo pasaba, a la Sucesora comenzaba a surgirle una sospecha. ¿Realmente deseaba que los científicos descubrieran la cura de la enfermedad del Líder? ¿Quería que éste fuera despertado en algún  momento? Ella se lo preguntaba cada mañana, al enfrentarse con su espejo, al descubrirse una nueva arruga en su rostro. Mientras ella envejecía por el paso del tiempo, el Líder permanecía congelado, exactamente igual a cuando se consumó la criogenización.



¿Cuánto tiempo más demorarían los especialistas en encontrar la forma de salvarlo y devolverlo a la vida? Si tardaban muchos años más, ella sería una anciana y él, un hombre joven y aún maduro. Este pensamiento la torturaba día y noche. Por ese motivo, los cuadros y retratos eran permanentemente renovados, para que no quedaran huellas de los cambios que el tiempo y las cirugías habían hecho con su rostro. Nadie debía atreverse a compararla ni a contrastarla con una imagen suya anterior al tiempo actual. El pasado no existía. Lo pasado no debía existir.



Cuando el Líder le propuso asumir el rol de gobernar el país, hasta que él pudiera retomar el control, al principio le agradó ese gesto de confianza. Luego se dio cuenta de que era otra forma de manipulación y que la omnipotencia del Líder llegaba hasta a querer controlar la muerte y la vida. Fue a partir de ese momento en que comenzó a dudar de continuar con los estudios de los científicos y con la producción de clones. Pero no sabía como hacer para impedir que éstos siguieran avanzando con sus investigaciones.



Excepto el médico personal, casi ninguno sabía extactamente qué estaban haciendo, la información era escueta y cada uno estaba incomunicado con los otros especialistas. De esta forma se aseguraban que ninguna información inadecuada llegara a los Idiotas, y así evitar una posible rebelión.



Sabía que los habitantes de la zona Maldita en algún momento darían problemas, y que no sería fácil controlar a los idiotas. La única forma de no tener problemas era desaparecer a los Malditos, pero éstos, a su vez, le servían como aleccionador para que cualquiera que intentara sublevarse, lo pensase dos veces primero. No podía dejarse llevar por los extremos. Los Malditos eran un peligro, pero a su vez, un contenedor.

Los Idiotas


    Los Idiotas



Juan Pérez era un idiota más, que trabajaba en la sede del centro de cómputos. Allí se gestionaban los números que se informaban a la población sobre construcciones, mejoras salariales, censos, encuestas, etc.



Pero Juan no trasladaba más que los números que le daba su jefe, un Grande, al que no se le podía discutir absolutamente nada. La orden era simplemente copiar un listado sin alterar nada, y eso dárselo los informadores de los medios de comunicación.  En el despacho del jefe de Juan siempre salían extraños ruidos y luego la encargada de la limpieza salía con enormes bolsas llenas de papeles hechos tiritas…



Como cualquier otro idiota, Juan jamás cuestionaba nada de lo que le ordenaban. Sabía que un gesto, una mirada, un tono de voz fuera de lugar, podría costarle mucho más que su puesto de trabajo. Alguna vez presenció un principio de altercado entre su jefe y un compañero y, al día siguiente, se informó que el joven había “decidido” renunciar al puesto…Pero Juan sabía que eso no era verdad, ya que el muchacho vivía cercano a su hogar y tampoco se lo volvió a ver. Su familia caminaba cabizbaja y si alguien les preguntaba por él, respondían con evasivas y cambiaban de tema.



Sin embargo su abuelo, un día, le había dicho que jamás perdiera la libertad de pensamiento. Que podía estar preso en la más pequeña y oscura de las cárceles, pero que su mente podía volar a donde él quisiera, porque era el único espacio a donde los Grandes no podrían penetrar jamás. Eso sí, que se cuidara muy bien de que nadie se diera cuenta de sus pensamientos.



Si bien obedecía y respetaba las leyes impuestas, Juan en el fondo tenía un malestar. Había algo de todo lo que lo rodeaba que necesitaba desentrañar. Había muchas mentiras a su alrededor, y esa sensación de permanente felicidad en la que se vivía en la Ciudad Idiota, iba a estallar en algún momento.



No comprendía por qué no podía reunirse con sus compañeros de trabajo, y por qué no podía elegir a la mujer con quién casarse. Desde el gobierno tenían un programa y una vez al año daban el listado de parejas. Y a finales de ese año, Juan sabría el nombre de su posible futura esposa.



Hasta eso decidía este gobierno! Juan sentía que en cualquier momento estallaría y sabía que eso no sería  bueno… Pero, por un lado, le atraía profundamente la libertad en la que deberían vivir quienes eran expulsados a la zona Maldita, la información que tendrían, el saber sin condicionamiento, poder hacer lo que realmente le venía en gana y no estar obligado a escuchar horas los discursos obsecuentes de los Grandes de turno.



Juan no sabía que un virus había estado durmiendo en su mente durante años, y que despertaría de una forma que jamás imaginó. Era el virus de la libertad.                     

martes, 15 de mayo de 2012

El comienzo



    Antes del tiempo que se relata, el Líder había recibido una noticia que cambiaba todos sus planes. Una grave enfermedad lo obligaba a tomar otro rumbo, junto con acciones que le permitieran continuar con sus proyectos.

     Dentro de la doctrina que abarcaba a los Grandes, las mujeres tenían un lugar de segunda categoría. Se las adulaba para que, simplemente, fueran las procreadoras de los Primogénitos que ocuparían en el futuro los puestos de sus padres. Se les daba la misma educación que a cualquiera de éstos, pero sutilmente jamás tendrían algos cargos ni puestos de injerencia.


      Sin embargo, esta vez todo sería diferente. El médico del Líder había contemplado una posibilidad de sobrevida, pero para ello debería esperar un tiempo que iba más allá de las expectativas de vida que el Líder poseía. Una sola posibilidad. La única forma de perdurar en el tiempo y ser el auténtico Lider, amo y señor del destino de un país entregado a sus pies incondicionalmente.

    Esa fue la causa que fijara los ojos en la Sucesora. Ella, su médico y él serían los únicos que sabrían la verdad. Ella sería la única capaz de conservar su lugar, hasta que la cura de su enfermedad fuese una realidad. Ella, quien siempre había sido su sombra, ocuparía un lugar de privilegio...Y sería una gran señal para el pueblo Idiota, de que la igualdad de género era un logro suyo...Sería matar dos pájaros de un tiro.

   Desde ese mismo instante comenzó a planificarse la construcción de la Ciudad Secreta, el lugar que serviría para disimular ante el pueblo la verdad que se escondería detrás de sus paredes. Tras un supuesto mausoleo homenaje, se escondería un moderno laboratorio que exploraría las técnicas clonatorias...aunque esto tampoco sería absolutamente cierto. El Líder sería dormido criogénicamente, para preservar sus funciones y estacionar su enfermedad, hasta que el médico personal descubriera una cura definitiva. Y este secreto sería conocido sólo por la Sucesora y el doctor. Quien "desaparecería" apenas el Líder fuese despertado y completamente curado...pero ésto solamente era conocido por él.


   Se planificó realizar un conteo poblacional para distraer a los Idiotas. Ese día todo mundo debería estar en su casa, esperando al agente que llegaría a cada domicilio, verificando cuantos miembros había en cada familia Idiota, qué actividades tenían, sus estudios. El Líder y la Sucesora viajarían cerca de la Ciudad Secreta. Nadie más los vería. Cada uno de los servidores particulares estaría en su casa, esperando al agente del conteo poblacional.

    Aquélla mañana muchos Idiotas aprovecharon a dormir un poco más. Los canales mostraban su clásica programación entretenida, algo más festiva por tratarse de un "feriado" excepcional... cuando de repente todos los televisores silenciaron la música. Y al mismo tiempo, fueron a una tanda extraña, larga, que sonaba a letanía.

      Al volver la programación habitual, los comunicadores ya no estaban alegres ni festivos...Había una noticia que trasmitir, habían tardado en volver porque necesitaban verificarla. Tras dar muchas vueltas, dijeron lo inevitable. El Líder había muerto aquella mañana. Asi, repentinamente. Estaba en su casa, con la Sucesora, única testigo de aquél trágico momento.

    Luto obligatorio. Tres días de letanías, ayunos e insomnios. Cada Idiota debería asistir junto con su familia a dar el último adios al Líder, quien sería velado a cajón cerrado por voluntad escrita, y a la Sucesora.  Y quien osara poner en duda el contenido del ataud, sería desterrado a la Zona Maldita, esto no hacía falta decirlo....

(continuará....)

La guerra de los Idiotas

 

(Aclaración: este texto es ficcional. Fue concebido en los tiempos del Turco 1°...reescrito en la actualidad y no finalizado...cualquier parecido con la realidad...será pura coincidencia?)
La guerra de los idiotas



En aquéllos días, la nación se encontraba dividida en dos estamentos sociales, los Grandes, quienes detentaban el poder y el conocimiento, y los Idiotas grupo conformado por el resto de la sociedad que se dedicaba a trabajar y a, simplemente, ser liderados por los Grandes.




El líder de los Grandes había fallecido y su cuerpo había sido cuidadosamente preservado, y celosamente custodiado, para poder al fin lograr la continuidad del proyecto. El mausoleo, que había sido construido en tiempo record, se hallaba muy cerca de la Ciudad Secreta, en donde el hijo primogénito de cada Grande se formaba para suceder a sus padres en la dirigencia del país. Cada Grande y su primogénito accedía a todo el saber real, histórico, político, geográfico, cultural y científico que existiera. Esto impedía que cualquier Grande pudiera tener contacto directo con un Idiota, ya que esta educación absoluta era negada al resto de la población.





Los Idiotas, cada mañana, veían en los noticieros las buenas noticias que el gobierno quería que se conocieran. Se ensalzaban las virtudes de los miembros del poder, destacando cada gesto, real o inventado, y ocultado sus crímenes aberrantes. Ningún Idiota tenía ni el derecho ni el poder de juzgar a un Grande. Sus hijos obligatoriamente concurrían a escuelas públicas, en donde cada docente controlaba que se colocaran correctamente sus cascos de realidad virtual, y así se les impartía el conocimiento que requerían para cumplir con sus obligaciones y deberes. Éstos eran trabajar diez horas por día, concurrir a la sede del partido los domingos y escuchar atentamente y en silencio (a menos que se autorizase a aplaudir o a festejar) los extensos discursos que, alguno de los Grandes, les daba consecutivamente. La ausencia a cualquiera de estos actos era considerada alta traición y el Idiota que osase no asistir era expulsado a la Zona Maldita, en donde reinaba el caos y el crimen. (En secreto se corría la voz que los Malditos se comían a los pocos Idiotas que eran expulsados. Éste secreto, obviamente, fue dado a conocer por un Grande para implantar el miedo en la sociedad)





Muy pocos Idiotas se atrevían a preguntar qué escondían en la Ciudad Secreta, ya que luego de la muerte del Líder, muchas personas entraban y salían, se veían ir y venir autos y camiones blindados. Algún suspicaz pensaba, ya que otra cosa no se atrevía a hacer, que era demasiada actividad para atender a un muerto…pero se trataba del Líder y su espíritu era más poderoso que la muerte.





El secreto que guardaba el mausoleo era un gran laboratorio en donde se practicaban técnicas de clonación, para que la casta del Líder continuara gobernando. Luego de que su primogénito completase su formación, y llegado el momento de quitarlo del medio, un clon del Líder dirigiría a la nación. Por supuesto que este clon tendría un sucesor de “repuesto” en caso de rebelión, ya que las técnicas científicas estaban muy avanzadas pero se conocía muy poco sobre el comportamiento de los clones en circunstancias específicas. Hasta entonces, habían sido utilizados para trabajos domésticos, sin ninguna remuneración, ya que jamás habían sido considerados personas. Podían ser asesinados sin que nadie los reclamase, ya que no tenían familia, y eran utilizados para los más crueles fines. (Los prostíbulos que se encontraban rodeando la ciudad estaban llenos de estos pobres seres condenados a “pagar” los gastos que había ocasionado su “nacimiento de laboratorio”).





En una sociedad organizada como estaba la actual, era por demás que evidente que no podían mezclarse Idiotas con Grandes, ya que cualquier comentario que despertase la curiosidad de los Idiotas podría ocasionar una catástrofe a nivel nacional y el fin de la dinastía de los Grandes.





Muchas veces, cuando los educadores de los Idiotas descubrían que alguno comenzaba a tener sospechas y no resultaba sencillo adiestrarlo, un consejo de Grandes determinaba si convenía o no “ascenderlo”, para demostrarle al resto de la nación que cualquier Idiota, si se esforzaba y mostraba “ganas de crecimiento”, llegaba a algún puesto de poder. Con esta estrategia, sobornaban la más mínima posibilidad de disturbios que pudiera generar cualquier Idiota entre los suyos.





Lo que los Idiotas no sabían era que su ciudad se encontraba sabiamente rodeada por una gran muralla, inexpugnable a los intentos de los habitantes de la Zona Maldita de ingresar o sabotear el gran proyecto. La poca información que manejaban los Malditos era proporcionada por el boca a boca, ya que no contaban con la tecnología necesaria y, además, cualquier aparato informático podía ser rastreado por los Grandes y automáticamente saboteada toda la información.





En la Zona Maldita no existía más que la pobreza. Debían autoabastecerse de alimentos y bebidas, ya sea comprando contrabando quien tuviera dinero, o robando la mercadería a quienes proveían a la Ciudad Secreta o al ghetto Idiota. Los hijos de los Malditos no asistían a la escuela, eran educados por sus padres, con el conocimiento adquirido mediante charlas clandestinas que eran dadas por los primeros Malditos en ser expulsados del ghetto. O quienes lograron huir, antes de ser domesticados por el conocimiento facilitado por los Grandes.





Entre los mismos Malditos eran desconfiados. Cualquier Idiota recién expulsado podría ser un espía enviado por los Grandes, para sabotear algún proyecto de liberación o de acceso al ghetto, ya que uno de sus planes era el de lograr que los Grandes quedasen al descubierto y los Idiotas , junto con los Clones, fueran liberados de sus distintas formas de esclavitud.





(Continuará….)