sábado, 21 de julio de 2012

El gran circo

Solimano era uno de los gobernantes más influyentes de la sociedad. Había pasado muchas cosas en su vida y el pueblo lo quería. No era un "hijo de" de ningún político. Su entrada a la elite de los Grandes había sido a través del deporte, y luego de que una terrible tragedia cortara su carrera. Era un hombre callado, de perfil muy bajo, todo lo contrario al resto de los grandes.


Había estado al lado del Líder cuando éste asumió el poder. Era su delfín, para no decir su mano derecha. Sin embargo, la Sucesora dudaba de su fidelidad y no quería que fuera tan aceptado. Pero ella tenía otros planes. Planes para su continuidad en el poder.


Algunas miembros de la zona maldita habían comenzado a murmurar y a hacer pintadas revelando ciertas irregularidades de su gobierno. Ella, que había vivido a la sombra del Líder, no tenía ni su carisma ni su habilidad para llevar al contrario a su terreno y convencerlo hasta de lo que no quería ser convencido. Ella, ahora que había asumido el poder, quería que todos la respetasen y temiesen. Era la primera mujer en ser gobernante de la nación elegida por el pueblo, si bien sabía perfectamente que esa decisión había sido tomada por la noticia de la enfermedad del Líder. Quería demostrarle a todos los que habían criticado esa decisión, cuán equivocados estaban.


Necesitaba sobremanera demostrar su poder. Y eso hizo con Solimano. Humillarlo hasta que no fuera posible. Hacerle ver que no era tan capaz como todos creían y si fuera posible, obligarlo a que él le pidiera por favor su ayuda. Así luego ella, con un gesto de magnánima generosidad, le demostrara quién mandaba realmente.


Aunque no todo funcionó como esperaba. Algunos Idiotas comenzaron a mirar de otra forma los discursos. No estaban tan anestesiados. Igualmente, muy pocos sabían la verdad y lo importante era que Solimano había sido funcional a sus deseos. Él quería una porción de poder y, en una reunión secreta de la cual nadié tenía conocimiento, tanto la Sucesora como él coordinaron cómo seria ese plan de acción, para que los Idiotas que comenzaban a percatarse de las palabras fugadas de la zona maldita, revelando los deslices y gastos superfluos de quienes gobernaban, volvieran los ojos a otros problemas, que en realidad no existían.


Para que el plan de la Sucesora fuese perfecto, faltaba un pequeño detalle. Como convencer al médico personal del Líder que desconectara la cámara de criogenización en donde él esperaba la cura a su enfermedad.





domingo, 8 de julio de 2012

La potencia

Nadie sabía qué unía a Arnaldo, a Nara y al señor Juárez. Ni ellos sabían que tenían un punto en contacto. No se conocían las caras, pues cuando las sombras se encontraban, sólo oían sus voces. El plan del señor Juárez era destituir a la Sucesora, y para eso había necesitado ser cómplice de su poder. Había accedido a los más grandes secretos del estado y se había adueñado de una gran red de medios. Sutilmente incorporaba críticas a su mandato, pequeñas frases que harían despertar al pueblo.

Necesitaba el conocimiento de Arnaldo, sabía que él ayudaría a reestablecer la historia verdadera. Él había llegado a ese saber luego de acercarse al Líder. Y Nara, era una verdadera revolucionaria. Silenciosa, pero con un volcán en su interior.

La abuela había logrado arreglar que Nara fuera una de las jóvenes que se casarían ese año. Había investigado a Juan Pérez, y era el candidato perfecto. Ya había decidido que le diría a su macabro hijo que descubrió que Nara no era una clon, sino que se encontraba en la granja por error. Los clones no tenían derecho a casarse, ni siquiera con un Idiota. Una vez libre, Nara podría cumplir con su parte en la misión de convencer a los habitantes de la zona Maldita de que tendrían que comenzar a acercarse al pueblo Idiota con tranquilidad y comenzar a convivir en forma respetuosa.

La idea de hacer caer al poder estaba latente. Sin embargo, nadie quería un baño de sangre. Lo que se buscaba era despertar al pueblo de su letargo y hacerlo reaccionar en las próximas elecciones. Para eso era necesario un trabajo lento, casi imperceptible, para evitar la violencia y que la Sucesora y sus ministros no utilizaran cualquier acontecimiento a su favor.