jueves, 31 de octubre de 2013

La "operación"

   No había sido casual. Nada era casual en el gobiernos de los Grandes. Cada cosa estaba perfectamente calculada, meditada y planificada hasta el último detalle. La Sucesora notaba que algo no funcionaba como correspondía, y se daba cuenta de que algo debería hacer para mantener a sus filas leales y en orden para continuar en el poder. El machismo dominante de la casta Grande, puertas adentro, comenzaba a cuestionar su capacidad para mantenerse en el cargo, y ella debería dar un golpe de timón para demostrarles que era ella la cabeza del movimiento, que ya ni siquiera la imagen del Líder convocaba afectivamente a los fanáticos (al menos ella así lo creía) y que las manifestaciones se los demostrarían.

    Recordó el "renunciamiento histórico" de otra mujer, otra figura fuerte dentro de la historia del pueblo. Su intención no era llegar a ese extremo, pero sí jugar con la enfermedad y el riesgo de vida para inclinar la balanza a su favor.

    De repente todo sucedió. Su Primogénito sirvió para algo esta vez. Con un poco de manipulación materna, logró convencerlo de que la llevara "sigilosamente" a una clínica de renombre. Todos los medios estaban en la puerta del sanatorio cuando la Sucesora llegó y fue la noticia que recorrió todos los medios y ocupó horas de análisis por parte de los programas de los medios, la gran mayoría, además, apelando a la memoria emotiva con las imágenes de la muerte del Líder, un tiempo antes, casi coincidente en las fechas...Nada era casualidad. Se reforzaba la teoría que ella era la única digna de ser su sucesora, su heredera ideológica y política.

    En esos días hubo un testeo popular. Previamente, se había analizado la posibilidad de que algunos miembros del partido demostraran un repentino enfrentamiento al poder "opresor", para captar la relativa conformidad o disconformidad de los Idiotas...Igualmente, lo que ellos votaran no contaba en realidad. El alejamiento de esos miembros era falso y proyectado para mantener el status quo del poder de los Grandes. Al concluir el testeo, ganó quien se encaramó como opositor, lo cual produjo algo de preocupación en algunos Grandes...Pero, como todo esa sociedad, estaba calculada la posibilidad y el ganador sabía cuál era su rol dentro de esta estructura de poder. Ahora que había ganado, volvería a silenciar sus denuncias y reclamos, para apoyar toda propuesta del gobierno.

   La Sucesora hizo surgir un rumor, no le bastaba las muestras frente al sanatorio, no le alcanzaba haber manipulado a todos, haciéndoles creer que había gente dentro de sus filas que se alejaban con tal de mantenerse en el poder. Apeló al posible "renunciamiento", a favor del Reemplazo, a quien nadie quería ni soportaba. El terrible rechazo que imponía la figura del títere manipulado a gusto y placer por todos era la respuesta que necesitaba.

   Ahora volvería triunfal. La "operación" había sido un éxito. Sólo faltaba arreglar un par de detalles para eternizarse ella en el poder.

    

lunes, 7 de octubre de 2013

El suplente

           Su ambición se había desarrollado entre las sombras. Había logrado escalar posiciones hasta conseguir convertirse, mediante su simpatía y afabilidad, en el reemplazo perfecto. Parecía algo tonto, fácil de manejar, útil al poder de turno que no pensaba delegar fácilmente sus privilegios y beneficios. Era un mal necesario para quitar del medio al traidor y conseguir tener automáticamente todo lo que necesitasen.


           Sin embargo, el suplente tenía la habilidad de un zorro para lograr que sus propósitos se fueran concretando, sin que  nadie se diera cuenta. Hasta que la ambición fue tan fuerte y el deseo de tener más lo poseyó de tal manera, que ya no ocultó ninguna de sus actividades.

      Adquirió bienes que no se condecían con el sueldo de un funcionario, los mostraba, hacía alarde de su buen vivir. Pero, desde la ciudad Maldita, habían comenzado a llegar mensajes. De repente, en alguna pared, sin saber cómo ni cuándo, se descubría un grafitti expresando sus negocios oscuros, sus contactos en el ambiente de quienes tenían contactos con el gobierno, y de otras maniobras turbias que, al llegar a oídos de la Sucesora, no le provocaron ninguna gracias, ya que para ella, como para el Líder en su momento, el suplente era solo una marioneta útil para completar una fórmula y no alguien que de la nada estropeara sus planes de poder.

     
           Buscaron silenciar al suplente, quitándole espacio en la escena pública, aunque él se las ingeniaba siempre para ser la mosca en la leche. Pero un acontecimiento cambió todos los planes de la Sucesora y otros grandes, y deberían dejarle ocupar el primer lugar a él, al indeseable, al títere que podía derrumbar todo el proyecto de un soplido y hacerlo caer como si fuera un castillo de naipes mal armado.

        El grupo más cercano a la Sucesora, que en su fuero interno no lo consideraba ni un Grande ni un par de su clase, tuvo que tragarse todo lo que pensaban de él y rodearlo, como a la pieza del Rey en el juego del ajedrez, para demostrar que no había conflictos entre ellos. Pero se notaba en sus rostros y en sus actitudes el fastidio que les provocaba que el suplente estuviera al mando durante los próximos días, mientras la Sucesora  se reponía.

   El temor que todos ocultaban y que no querían expresarse ni a sí mismos era si la gravedad de lo ocurrido obligaría a soportar al suplente más tiempo del que se hablaba, convirtiéndolo así en un nuevo Sucesor y Líder.