domingo, 8 de julio de 2012

La potencia

Nadie sabía qué unía a Arnaldo, a Nara y al señor Juárez. Ni ellos sabían que tenían un punto en contacto. No se conocían las caras, pues cuando las sombras se encontraban, sólo oían sus voces. El plan del señor Juárez era destituir a la Sucesora, y para eso había necesitado ser cómplice de su poder. Había accedido a los más grandes secretos del estado y se había adueñado de una gran red de medios. Sutilmente incorporaba críticas a su mandato, pequeñas frases que harían despertar al pueblo.

Necesitaba el conocimiento de Arnaldo, sabía que él ayudaría a reestablecer la historia verdadera. Él había llegado a ese saber luego de acercarse al Líder. Y Nara, era una verdadera revolucionaria. Silenciosa, pero con un volcán en su interior.

La abuela había logrado arreglar que Nara fuera una de las jóvenes que se casarían ese año. Había investigado a Juan Pérez, y era el candidato perfecto. Ya había decidido que le diría a su macabro hijo que descubrió que Nara no era una clon, sino que se encontraba en la granja por error. Los clones no tenían derecho a casarse, ni siquiera con un Idiota. Una vez libre, Nara podría cumplir con su parte en la misión de convencer a los habitantes de la zona Maldita de que tendrían que comenzar a acercarse al pueblo Idiota con tranquilidad y comenzar a convivir en forma respetuosa.

La idea de hacer caer al poder estaba latente. Sin embargo, nadie quería un baño de sangre. Lo que se buscaba era despertar al pueblo de su letargo y hacerlo reaccionar en las próximas elecciones. Para eso era necesario un trabajo lento, casi imperceptible, para evitar la violencia y que la Sucesora y sus ministros no utilizaran cualquier acontecimiento a su favor.

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