Alguien estaba molestando. Alguien que había tenido
acceso a información. El término legal del mandato de la Sucesora estaba por
concluir y no habían podido armar el proyecto para modificar la ley de gobierno
o preparar al Primogénito para ocupar ese espacio.
Solimano quería imponerse alejado de su ala, se
había puesto peligrosamente sumiso a su poder, lo que la hacía sospechar que,
si asumía como nuevo líder, jamás dimitiría a su favor como habían pactado en
forma privada.
Las cosas se estaban complicando para ella. Una
antigua causa se reflotaba. El Líder había puesto a un fiscal en una unidad
especial para investigar la explosión en un edificio de una entidad religiosa.
En realidad, era para entretener a la comunidad internacional, simular que a
ellos les importaba saber quiénes habían sido, sin llegar a ninguna conclusión
en realidad.
Pero el fiscal había ido más allá de lo que su
misión requería. Conectarse con las víctimas de la tragedia, indagar en
acuerdos comerciales y autorizaciones a miembros del gobierno del país al que
se responsabilizaba por el atentado, descubrir secretos inconfesables ante el
mundo, la ponía en el centro de la escena y jaqueaba sus posibilidades de
mantenerse en el poder.
Porque si esos secretos salían a la luz, los jueces
no podrían hacer la vista gorda como ante otras denuncias, porque este hecho
salía de las fronteras del país y había que responder ante otros gobiernos que
podrían exigir internacionalmente su procesamiento.
Había que hacer algo. El fiscal presentaría su
investigación y era algo que no podían ocultar ni siquiera los medios amigos,
que buscaban quitarle méritos a quien había sido nombrado por el Líder. Quizás
por eso era más difícil callarlo. Quizás por eso se había convertido en tan
peligroso.
Un día antes de que el fiscal se presentase a
denunciar su descubrimiento, fue encontrado muerto de un disparo en el baño de
su casa. Rápidamente se instaló la teoría que, ante la falta de consistencia de
su denuncia, porque en realidad no tenía nada para decir y sólo había buscado
tener cámaras y figurar en los titulares, se había suicidado.
La foto del
fiscal tirado en un charco formado por su propia sangre circuló por todos las
redes sociales. Una fingida indignación proclamó no saber cómo se había
filtrado esa imagen. La realidad es que fue una manera de amedrentar a
cualquiera que intentara socavar el poder de la Sucesora. Y, sin saberlo, la
dilación en descubrir qué había ocurrido con el fiscal, fue lo que comenzó a
provocar el derrumbe del poder de la Sucesora y todo lo que la rodeaba.
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