Había sido
la primogénita de un matrimonio Grande, uno de los iniciadores de la casta. Eso
le había dado ciertos privilegios. Había tenido acceso a conocimientos que,
tiempo más tarde, fueron denegados a otras mujeres de igual condición. Con el
paso del tiempo, fue dándose cuenta de que su clase social no privilegiaba a
nadie, sino al contrario, cada vez iba haciéndose más cerrada y reducida.
Su
casamiento fue organizado por la sociedad Grande, como era la costumbre. Cuando
tuvo a su primogénito, comprendió que los beneficios a los que llegaría
estarían prohibidos para sus hermanos. Y decidió tácitamente no procrear más.
Nadie más que ella conocía esa determinación. A su modo, era la forma que tuvo de rebelarse ante
los suyos.
Desgraciadamente
no pudo elegir educar a su primogénito de otra forma, con una visión más amplia
de la vida. La cultura impuesta lo
devoró por completo y era uno de los más importantes miembros del gobierno.
A su modo
cauteloso, le pidió una dama de compañía. Una muchacha que se encargara de
estar con ella, ayudarla con las tareas de la casa, acompañarla en sus salidas.
A su hijo le pareció muy buena idea que su madre tuviese, al fin, personal
esclavo a su servicio.
Fue ella
misma quien eligió a Nara en la granja de clones. Hubo algo en la mirada de
aquella niña que le llamó la atención. Una extraña fuerza, un brillo que no se
veía en otros clones, y ni siquiera en alguien de la casta Grande.
Se
sorprendió al descubrir la inteligencia de Nara. La instruyó de modo tal que la
criatura fuera cautelosa delante del primogénito sobre las actividades que
hacían en la casa. Jamás debía saber que un clon accedía libremente a libros de
toda clase, que tenían debates intensos sobre la libertad. La abuela sabía que la vida de Nara corría un
serio peligro si algo quedaba librado al azar.
Una mañana
salieron juntas. Era una de esas salidas que jamás se revelarían ante el hijo
de esta mujer, que también soñaba con la libertad. En una calle se cruzaron con
un joven, que miró intensamente a Nara…y ella
supo que ésa era una forma de concretar su plan.
En su
juventud , la abuela había trabajado en
el ministerio civil y aún tenía acceso privilegiado a todo el sistema. Sabía perfectamente que la única forma de
salvaguardar a Nara era hacerle
documentación de Idiota, crearle una historia, papelería totalmente
legal y creíble… el único inconveniente sería la forma de convencer a su hijo
de que Nara no era una clon y que se encontraba en la granja por error.
Había
logrado averiguar quién era el joven con el que se habían cruzado y al que Nara
le había causado tanto impacto. Un tal Juan
Pérez, trabajaba en el instituto de estadísticas en donde su hijo era el
principal jefe.
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