Había una parte de la sociedad que permanecía como un mito urbano, un secreto a voces que nadie se atrevía a confirmar ni, mucho menos, a desmentir. Eran los clones.
Desde hacía mucho tiempo, la parte de la sociedad autodenomidad Grandes, habían creado una forma de satisfacer todas sus necesidades sin tener problemas. Crearon, en un centro clandestino, una "granja" de clones. Esta granja, aislada y custodiada, proporcionaba a la sociedad de esclavos tanto para el uso doméstico y sexual. Muchos de los especímenes eran utilizados por los mismos científicos para pruebas de sustancias químicas, tóxicas, cosméticas.
Los clones eran propiedad de quien adquiría el embrión. Los proveedores de las células eran lo que se denominaba "material de descarte", personas capturadas por patrullas que recorrían la ciudad Idiota cuando se imponían toques de queda, y que bajo el pretexto de acercarlos a sus domicilios eran secuestrados y trasladados a la granja.
Un clon jamás tendría derecho a nada. Ni a saber su propia identidad. Si su dueño así lo deseaba, podía hasta matarlo, ya que nadie reclamaría por su vida. Debían obedecer ciegamente las ordenes, no desafiar nunca a los Grandes y, por sobre todas las cosas, permanecer callados.
Los prostíbulos de las afueras de la ciudad estaban llenos de estos clones. Quienes compraban estos servicios eran generalmente los Grandes (los Idiotas casi no estaban enterados de la existencia de estos prostíbulos), quienes desahogaban así sus más bajos instintos. Muchos clones morían en estos lugares, sin que nadie supiera ni dijera nada.
Nara era una clon que servía en la casa de un Grande. Contrariando las reglas, la abuela de la casa, a cuyo servicio estaba, la había instruído. Le había enseñado a leer y a escribir. Cuando su hijo llegaba, Nara bajaba la mirada y actuaba como la abuela le había explicado. Esta mujer no estaba de acuerdo con la sociedad en la que vivía, sin embargo no podía hacer nada para cambiarlo, y sabía que a su muerte, Nara sufriría ya que no era una clon común. De alguna forma, esta abuela buscaría cambiar el destino de la joven y liberarla de esa esclavitud que le esperaba a su muerte.
Nara había escuchado muchas veces a su amo hablar del gobierno. Sabía demasiadas cosas. Sabía, incluso, la existencia de la granja en donde ella había nacido...Sabía, también, qué sucedía en la zona Maldita y la veía como un espacio en donde obtener su libertad...Y, de alguna forma u otra, Nara se fugaría de la ciudad Idiota...Lo que Nara no sabía aún, era que su libertad sería el comienzo de una larga sucesión de hechos que despertaría una rebelión hacia los Grandes y el fin de su gobierno.
Desde hacía mucho tiempo, la parte de la sociedad autodenomidad Grandes, habían creado una forma de satisfacer todas sus necesidades sin tener problemas. Crearon, en un centro clandestino, una "granja" de clones. Esta granja, aislada y custodiada, proporcionaba a la sociedad de esclavos tanto para el uso doméstico y sexual. Muchos de los especímenes eran utilizados por los mismos científicos para pruebas de sustancias químicas, tóxicas, cosméticas.
Los clones eran propiedad de quien adquiría el embrión. Los proveedores de las células eran lo que se denominaba "material de descarte", personas capturadas por patrullas que recorrían la ciudad Idiota cuando se imponían toques de queda, y que bajo el pretexto de acercarlos a sus domicilios eran secuestrados y trasladados a la granja.
Un clon jamás tendría derecho a nada. Ni a saber su propia identidad. Si su dueño así lo deseaba, podía hasta matarlo, ya que nadie reclamaría por su vida. Debían obedecer ciegamente las ordenes, no desafiar nunca a los Grandes y, por sobre todas las cosas, permanecer callados.
Los prostíbulos de las afueras de la ciudad estaban llenos de estos clones. Quienes compraban estos servicios eran generalmente los Grandes (los Idiotas casi no estaban enterados de la existencia de estos prostíbulos), quienes desahogaban así sus más bajos instintos. Muchos clones morían en estos lugares, sin que nadie supiera ni dijera nada.
Nara era una clon que servía en la casa de un Grande. Contrariando las reglas, la abuela de la casa, a cuyo servicio estaba, la había instruído. Le había enseñado a leer y a escribir. Cuando su hijo llegaba, Nara bajaba la mirada y actuaba como la abuela le había explicado. Esta mujer no estaba de acuerdo con la sociedad en la que vivía, sin embargo no podía hacer nada para cambiarlo, y sabía que a su muerte, Nara sufriría ya que no era una clon común. De alguna forma, esta abuela buscaría cambiar el destino de la joven y liberarla de esa esclavitud que le esperaba a su muerte.
Nara había escuchado muchas veces a su amo hablar del gobierno. Sabía demasiadas cosas. Sabía, incluso, la existencia de la granja en donde ella había nacido...Sabía, también, qué sucedía en la zona Maldita y la veía como un espacio en donde obtener su libertad...Y, de alguna forma u otra, Nara se fugaría de la ciudad Idiota...Lo que Nara no sabía aún, era que su libertad sería el comienzo de una larga sucesión de hechos que despertaría una rebelión hacia los Grandes y el fin de su gobierno.
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