Al enterarse
de la grave enfermedad que aquejaba al Líder tuvo sentimientos encontrados. Por
un lado, significaba perder al compañero de tantos años, al socio inevitable de tantos actos secretos, la única
persona que conocía cada una de sus debilidades. Por otro lado, era comenzar a
ocupar ese espacio que siempre consideró que era suyo, ya que el sistema
impuesto la obligaba a estar dos pasos detrás de él.
No fue fácil
escuchar el proyecto. No fue fácil convencerse de que él no iba a estar más a
su lado, ni de que en realidad tampoco estaría muerto. Simplemente dormido
hasta que se descubriera la cura a esa enfermedad. Y no sería fácil enfrentarse
al mundo y fingir permanentemente su dolor.
Luego de las
agotadoras jornadas del sepelio, se refugió unos días en el
mausoleo-laboratorio. Un pequeño número de los científicos más prestigiosos, y
parte de los Grandes, investigarían cada una de las miles de posibilidades de
retornar a la vida al Líder, y, al mismo tiempo, criar clones para que ocuparan
su lugar en el momento que fuera necesario. Todos dudaban seriamente de la
capacidad del Primogénito para llevar adelante la nación y continuar el sendero
abierto hacía tanto tiempo.
Mientras el
tiempo pasaba, a la Sucesora comenzaba a surgirle una sospecha. ¿Realmente
deseaba que los científicos descubrieran la cura de la enfermedad del Líder?
¿Quería que éste fuera despertado en algún
momento? Ella se lo preguntaba cada mañana, al enfrentarse con su espejo,
al descubrirse una nueva arruga en su rostro. Mientras ella envejecía por el
paso del tiempo, el Líder permanecía congelado, exactamente igual a cuando se
consumó la criogenización.
¿Cuánto
tiempo más demorarían los especialistas en encontrar la forma de salvarlo y
devolverlo a la vida? Si tardaban muchos años más, ella sería una anciana y él,
un hombre joven y aún maduro. Este pensamiento la torturaba día y noche. Por
ese motivo, los cuadros y retratos eran permanentemente renovados, para que no
quedaran huellas de los cambios que el tiempo y las cirugías habían hecho con
su rostro. Nadie debía atreverse a compararla ni a contrastarla con una imagen
suya anterior al tiempo actual. El pasado no existía. Lo pasado no debía
existir.
Cuando el
Líder le propuso asumir el rol de gobernar el país, hasta que él pudiera
retomar el control, al principio le agradó ese gesto de confianza. Luego se dio
cuenta de que era otra forma de manipulación y que la omnipotencia del Líder
llegaba hasta a querer controlar la muerte y la vida. Fue a partir de ese momento
en que comenzó a dudar de continuar con los estudios de los científicos y con
la producción de clones. Pero no sabía como hacer para impedir que éstos
siguieran avanzando con sus investigaciones.
Excepto el
médico personal, casi ninguno sabía extactamente qué estaban haciendo, la
información era escueta y cada uno estaba incomunicado con los otros
especialistas. De esta forma se aseguraban que ninguna información inadecuada
llegara a los Idiotas, y así evitar una posible rebelión.
Sabía que
los habitantes de la zona Maldita en algún momento darían problemas, y que no
sería fácil controlar a los idiotas. La única forma de no tener problemas era
desaparecer a los Malditos, pero éstos, a su vez, le servían como aleccionador
para que cualquiera que intentara sublevarse, lo pensase dos veces primero. No
podía dejarse llevar por los extremos. Los Malditos eran un peligro, pero a su
vez, un contenedor.
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