lunes, 4 de junio de 2012

La Sucesora


 Siempre lo había acompañado, desde un perfil más bajo, en un segundo plano, reforzando todo lo que el Líder decía.  Sin embargo, tenía una imperiosa necesidad de comenzar a tener su propio espacio, el protagonismo que tantos años a la sombra habían alimentado.



Al enterarse de la grave enfermedad que aquejaba al Líder tuvo sentimientos encontrados. Por un lado, significaba perder al compañero de tantos años, al socio  inevitable de tantos actos secretos, la única persona que conocía cada una de sus debilidades. Por otro lado, era comenzar a ocupar ese espacio que siempre consideró que era suyo, ya que el sistema impuesto la obligaba a estar dos pasos detrás de él.



No fue fácil escuchar el proyecto. No fue fácil convencerse de que él no iba a estar más a su lado, ni de que en realidad tampoco estaría muerto. Simplemente dormido hasta que se descubriera la cura a esa enfermedad. Y no sería fácil enfrentarse al mundo y fingir permanentemente su dolor.



Luego de las agotadoras jornadas del sepelio, se refugió unos días en el mausoleo-laboratorio. Un pequeño número de los científicos más prestigiosos, y parte de los Grandes, investigarían cada una de las miles de posibilidades de retornar a la vida al Líder, y, al mismo tiempo, criar clones para que ocuparan su lugar en el momento que fuera necesario. Todos dudaban seriamente de la capacidad del Primogénito para llevar adelante la nación y continuar el sendero abierto hacía tanto tiempo.



Mientras el tiempo pasaba, a la Sucesora comenzaba a surgirle una sospecha. ¿Realmente deseaba que los científicos descubrieran la cura de la enfermedad del Líder? ¿Quería que éste fuera despertado en algún  momento? Ella se lo preguntaba cada mañana, al enfrentarse con su espejo, al descubrirse una nueva arruga en su rostro. Mientras ella envejecía por el paso del tiempo, el Líder permanecía congelado, exactamente igual a cuando se consumó la criogenización.



¿Cuánto tiempo más demorarían los especialistas en encontrar la forma de salvarlo y devolverlo a la vida? Si tardaban muchos años más, ella sería una anciana y él, un hombre joven y aún maduro. Este pensamiento la torturaba día y noche. Por ese motivo, los cuadros y retratos eran permanentemente renovados, para que no quedaran huellas de los cambios que el tiempo y las cirugías habían hecho con su rostro. Nadie debía atreverse a compararla ni a contrastarla con una imagen suya anterior al tiempo actual. El pasado no existía. Lo pasado no debía existir.



Cuando el Líder le propuso asumir el rol de gobernar el país, hasta que él pudiera retomar el control, al principio le agradó ese gesto de confianza. Luego se dio cuenta de que era otra forma de manipulación y que la omnipotencia del Líder llegaba hasta a querer controlar la muerte y la vida. Fue a partir de ese momento en que comenzó a dudar de continuar con los estudios de los científicos y con la producción de clones. Pero no sabía como hacer para impedir que éstos siguieran avanzando con sus investigaciones.



Excepto el médico personal, casi ninguno sabía extactamente qué estaban haciendo, la información era escueta y cada uno estaba incomunicado con los otros especialistas. De esta forma se aseguraban que ninguna información inadecuada llegara a los Idiotas, y así evitar una posible rebelión.



Sabía que los habitantes de la zona Maldita en algún momento darían problemas, y que no sería fácil controlar a los idiotas. La única forma de no tener problemas era desaparecer a los Malditos, pero éstos, a su vez, le servían como aleccionador para que cualquiera que intentara sublevarse, lo pensase dos veces primero. No podía dejarse llevar por los extremos. Los Malditos eran un peligro, pero a su vez, un contenedor.

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